Cuando la familia ha sido tocada más de una vez por el Covid -19 y se ha vivido en carne propia la angustia del ¿qué va a pasar ahora? Esto trata de los otros síntomas del coronavirus, esos que duelen, sobre el miedo a la pérdida e ilusión de que no nos va a tocar, que va a pasar de largo. Entonces… Eso nos ha hecho más vulnerables, sufrimos de ansiedad por esta incertidumbre que nos acompaña cada día y que va mellando nuestra fortaleza emocional y psíquica. Lo que relato aquí, es lo que he pasado 4 veces en distintos meses, es tremenda esa sensación de vacío cuando a través del teléfono te lo dice otro familiar, ese que está más cerca del enfermo, pero eso se vuelve un abismo cuando tu hermana está a 400 kilómetros, sola y enferma. La mente que ya está frágil de tanto pensar funciona a mil por hora, cada sonido en el celular te acelera el corazón y cada minuto de silencio pesa una tonelada. ¿Qué nos queda en esos momentos? Aferrarnos a la fe, a creer que existen los milagros, a que Dios todavía nos necesita aquí y por lo tanto cada vez, saldremos de este pozo oscuro. ¿Y qué piensa el que ha contraído este virus? Marta señala que comenzó a sentir síntomas de gripe (sufre de bronquitis obstructiva crónica) eso la puso en alerta máxima, sobretodo porque estos síntomas atacaban lugares que no son comunes, es trasladada de Cerro Castillo a Puerto Natales donde se le realiza el examen de Pcr, resultado que fue comunicado muy rápido, donde la llamaron algo en la voz tranquilizadora de la doctora le anticipó antes de escucharlo que tenía coronavirus, quizás no fue la voz sino el cansancio extremo que sentía al ponerse de pie o el dolor de cabeza que la cegaba, lo cierto es que lo confirmaron y su destino una residencia sanitaria, ¿por qué? estaba a una hora de distancia de un hospital y eso podría marcar la diferencia si se agravaba. Mientras era trasladada en una ambulancia por una pequeña ventana miraba el mundo que conocía, los campos verdes y el cielo con nubes blancas como algodones y como era obvio, le pedía a Dios volver a su casa en unos días, ella cree firmemente que todavía debe estar aquí, su estadía fue tranquila, son 11 días que se consideran como para contagiar, de los cuales los días 5 al 7 son de peores síntomas, luego van decreciendo (esto es relativo, otras personas lo sufren más tiempo). Ella es una agradecida de Dios, sabe que ha sido una bendecida, no todos/as han podido decir lo mismo, eso siempre la desconcierta, que esta enfermedad no te da igualdad de oportunidades, depende de cada organismo, ella nunca supo cómo se contagió, desde el mes de marzo no ha venido a Punta Arenas, se ha cuidado con todos los protocolos existentes pero no fue suficiente, pudo ser el día de las votaciones o en alguna compra por encargo. Hoy he querido escribir esta columna para pedirles que se cuiden, tomen todas las precauciones necesarias, tengo la esperanza que pronto saldremos de esta larga cuarentena, abriremos las puertas de nuestras casas para tomar otro aire, podremos salir a caminar y trataremos de hacer una vida cercana a la normalidad que teníamos antes de este cruel visitante, pero siempre tomemos en consideración los protocolos y exijamos donde no estén, será la forma de cuidarnos entre todos y todas para no volver al encierro, para que haya trabajo y estabilidad para las personas que lo han perdido todo y necesitan resurgir y reinventarse para alimentar a sus familias. Demostremos empatía por el que sufre, que esta libertad tan deseada no se transforme en libertinaje, porque será el caldo de cultivo para que el coronavirus gane otra vez y sé que no queremos eso. Si nos cuidamos nuestras personas mayores podrán salir, se merecen un abrazo de sus hijos/as y nietos/as, hoy todos/as necesitamos sentir el amor de nuestros familiares, algo que hemos dejado de percibir y solo algunos han podido tener a través del internet. Pero está claro que no es lo mismo y nunca será.