De la pandemia sanitaria al ocaso del capitalismo indolente

Hoy,
con un país convulsionado por una pandemia sanitaria que nadie pidió y 
que nadie quiere por supuesto, pero que se instaló en nuestro mundo,
nuestro país, en nuestras calles, en nuestra vida social; no sabemos
cuándo termine, y siendo importante, lo relevante es lo que ha generado
en nuestras autoridades del nuevo capitalismo.  Un gobierno que comienza
a vivir la segunda mitad de su mandato con posturas erróneas, con
visiones improvisadas, y lo que es peor, con autoridades carentes de
experticia y sin calle como se dice en la jerga popular, transformándose
en serviles caudillos de las estrategias capitalistas, que solo buscan
normalizar y minimizar las miserias, el hacinamiento, la cesantía
exacerbada por leyes que solo agudizarán un problema social aún mayor.

En
medio de este contexto social y político complicado es importante
también mencionar lo poco representativo de nuestro congreso y el nulo
dialogo entre las fuerzas vivas de la sociedad con los actores políticos
actuales, que solo tratan de apurar la carreta sin concordar visualizar
cuál eso son las verdaderas soluciones a los profundos problemas
sociales de nuestro pueblo. Dentro de todo este embrollo político
visualizamos que el señor de los señores, el capitalismo nos pretende
hablar de nueva normalidad, como si volver a la normalidad, una
situación que en el contexto de lo normal,  ya dejaba al debe enormes
situaciones sociales que el capitalismo no ha podido superar, pero que
se pretende normalizar, pensando que la gente es solo un agente servil
al mundo del capital.

Bajo
este precepto nos encontramos con algo que duele desde el alma misma
escuchar, porque además se entiende que obedece no a la carencia de
sabiduría, sino al excesivo abuso de la ideologización por parte de un
gobierno, que se califica como el peor de toda la historia y que usa los
medios institucionales y comunicacionales para entregar ideas que lo
único que logran es violentar aún más a un pueblo que está sufriendo la
embestida de la enfermedad, conjuntamente a la carencia económica, me
refiero al mal uso por parte del Ministerio de la Mujer, de una
situación muy dolorosa expresada en un video institucional que lo único
que logra es normalizar la violencia de género, haciendo de una
situación grave algo socialmente aceptable; cómo es posible que la
autoridad que debe preocuparse de la difusión, prevención, protección;
se transforme en cómplice de una violencia intergeneracional, y
estructural,  que logra violentar en vez de llamar a aunar esfuerzos
para condenar y terminar con esta otra pandemia de tipo social. No se
puede seguir en esta mirada sesgada de sociedad, que solo busca el hacer
cosas por hacer, sin medir las consecuencias de las acciones; una
mirada alejada frente a aquellos que si creemos en las personas, que si
compartimos el camino de los derechos humanos, que estamos por erradicar
la miseria que el Ministro Mañalich , no conoce; que no creemos en el
arrepentimiento del adulto mayor del video del Ministerio de la Mujer y
Equidad de Género, convirtiéndolo en víctima, sin sanción a su
equivocado actuar y desenfocando la verdadera  violencia hacia la mujer,
en este caso la nieta, dejándola en un segundo plano, y más encima
normalizando la situación. La violencia debe erradicarse, pero de la
raíz, con un autoridad que sea capaz de entender la importancia de las
personas por sobre posturas machistas y retrogradas. Hoy más que nunca
es necesario hacer un llamado a la unidad en la diversidad, pero con la
convicción de que no sirve solo la foto, sino que la acción es
fundamental en torno a objetivos claros, no como sucede ahora que al
parecer solo pretende ser una jugada política, para salvar una situación
que se hace cada vez más insostenible, y que solo le queda la mitad de
tiempo. La unidad no se construye acallando la voz de los que piensan
diferente, no se construye aprobando leyes para reprimir y acallar a los
que piensan distinto, la unidad no se escribe con videos de baja monta
que solo reflejan la falta de liderazgo y nulo conocimiento de la
verdadera misión de un ministerio como es el de equidad y género. El
momento actual exige de nosotros, las fuerzas democráticas un compromiso
con la verdad, que busque en la sinceridad de nuestras convicciones
construir un mundo más inclusivo, y con mayor justicia social. Una
unidad no solo en lo político, sino también en lo social.

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