Unidad,
solidaridad, colaboración son algunas de las palabras que hemos
escuchado durante las últimas semanas, a propósito de los esfuerzos que
se están realizando para enfrentar la pandemia que nos afecta.
Durante
estas semanas también hemos visto cómo las consecuencias del
coronavirus no se limitan a la salud de las personas, también ha
afectado de manera considerable en la vida cotidiana de las comunidades,
en los hogares y también en sus economías.
La
salud de nuestras vecinas y vecinos ha sido la prioridad desde el
primer minuto, la atención de pacientes, la calidad de vida de aquellos
que habitan los sectores y rincones más apartados también han estado
presentes en nuestra preocupación y ocupación, por eso es que, con el
apoyo de instituciones como la Armada de Chile y a través del Distrito
Naval Beagle, hemos podido llegar hasta lo más alejado de la Isla
Navarino para conocer y verificar las condiciones en que se encuentran
las familias.
El
apoyo permanente de la Fuerza Aérea se ha transformado en vital en para
la dotación de insumos necesarios en el Hospital Comunitario Cristina
Calderón, el traslado de pacientes y de profesionales que han llegado a
apoyar el importante trabajo que se están desarrollando en nuestra
provincia.
Desde
el Gobierno se han implementado diversas medidas diseñadas para atenuar
los efectos de la pandemia en el país y para ir directamente en ayuda
de quienes hoy más lo necesitan, en pleno
conocimiento que, los requerimientos siempre son más que los recursos,
no se han agotado los esfuerzos por llegar ahí donde la enfermedad y sus
efectos han sido más perniciosos.
Pequeñas
y medianas empresas, emprendedores, trabajadores del turismo,
comerciantes y almacenes de barrio, independientes, estudiantes, y
definitiva todos los sectores de la sociedad han recibido los efectos de
una emergencia sanitaria que no reconoce fronteras y que todavía
intentamos comprender hasta dónde puede llegar.
Pero
aun cuando el panorama continúa siendo incierto para el mundo, podemos
ver que la humanidad y las buenas voluntades se conjugan para ir en
ayuda de su entorno. Múltiples muestras de solidaridad, tanto de
organizaciones comunitarias, bomberos, empresas, instituciones y
anónimos, no han dudado en ponerse a disposición de una sociedad que hoy
necesita más que nunca de la solidaridad.
No
hay otra forma de salir adelante, de hacer frente a la pandemia y de
frenar sus efectos que con unidad. Por este motivo es que resulta
necesario dotar de sentido a estas palabras con hechos concretos, con
acciones y señales directas.
Los
ejemplos mencionados como la disposición de la FACH o la Armada, o el
incesante trabajo del personal del hospital local y profesionales del
Servicio de Salud, los esfuerzos de funcionarios de instituciones, la
propia comunidad, los jóvenes que lanzan iniciativas solidarias, son los
que finalmente entregan contenido y sentido a la colaboración, a la
solidaridad y la unidad.
Ser
solidario tiene que ver precisamente con esto, con la reflexión que
podamos hacer entre todos, sumando acciones que beneficien al conjunto
de las comunidades alejándonos de cualquier egoísmo o interés
particular, muy especialmente en estos momentos.
Mientras
sigamos pensando en el beneficio de la sociedad como un todo, también
con nuestras legítimas diferencias, habremos dado un paso importante en
la madurez en que también logremos salir adelante y avanzar.