La visita de un Presidente siempre es una expectativa para una comunidad, sobre todo cuando está pasando momentos difíciles, más aún, en un país de estructura constitucional, tradicionalmente presidencialista, en la cual la primera magistratura de la nación como suele llamarse, concentra muchos poderes y prerrogativas que les son propias y es visto por el imaginario popular como una suerte de papá o salvador de las situaciones difíciles, que normalmente viene a realizar anuncios o comunicar la buena nueva.
Bueno, nada de esto pasó durante la última visita presidencial a nuestra región, ni la figura paternal, ni la buena nueva, ni siquiera un cariñito para los más partidarios y funcionarios que soportan el vendaval de críticas por la desconexión, cerrazón y soberbia.
Los de los afectos más cercanos, deben estar tratando de entender la realidad de la carencia de emociones, selfies y demás demostraciones, que no se dieron, premeditadamente, por olvido o descuido, o quizás porque los cariños al igual que los amores de los adolescentes pasan por periodos de calidez y entusiasmo y después se enfrían.
Pero, quizás lo más fuerte sea el hecho de un Presidente, en las circunstancias actuales, ante una comunidad magallánica ad-portas de comenzar un nuevo confinamiento por razones sanitarias, – que repercute fuertemente en temas económicos, incluso a veces en la subsistencia -, no acepte preguntas de los medios de comunicación, que de una u otra forma, estos son una especie de barómetro regional que recogen lo que la comunidad está sintiendo y experimentando.
Esta práctica de negarse al diálogo y consulta de los medios regionales, puede ser interpretada como un desprecio, falta de empatía, que podría ser soportada sin más comentarios e interpretaciones si viniese de un dictador, pero no de un Presidente elegido democráticamente, que tiene además el curriculum de haber apoyado el advenimiento de la democracia, haber sido senador y Presidente de la República en un mandato anterior.
Quizás es cierto que los magallánicos ya no sienten el mismo afecto que el año 2010, cuando le entregaron al candidato a presidente una votación regional inusitada para su sector, lo cual en términos políticos fue un gran capital, que se dilapidó rápidamente por la recordada crisis del gas, causada por un ministro y funcionarios que anunciaron que a los “magallánicos se les había terminado la fiesta”.
Pero, el buen político debe actuar no solamente de la apariencia de lo sensible, de reflejos o imágenes, sino que del mundo ideal y la idea del bien que le puede brindar su comunidad, se dice que solo cuando se ha visto directamente el sol o el bien se podrá gobernar con justicia.
Creo profundamente en la democracia, e independientemente de quien sea el Presidente de la República, una vez elegido democráticamente, debe gozar de todo el respeto y consideración dada su investidura, la cual se acrecienta espontánea y naturalmente dentro del marco del sistema democrático, cuando recibe las críticas, procesa las preocupaciones y el sentimiento de una comunidad, dando respuesta a lo posible y entregando un mensaje de esperanza en momentos particularmente difíciles.