La Navidad es una fecha que nos invitó a reflexionar sobre todo lo ocurrido este 2020 y analizar la importancia de las pérdidas de nuestras libertades.
Decir que ha sido un año complejo, difícil y doloroso parece ser una evaluación de riesgo permanente, acompañado de incertidumbre, es casi, como estar en una ruleta rusa que nos deja en una situación de perplejidad continua.
El hecho por sí mismo, no solo nos ha impactado en lo individual, sino también como sociedad; desde ahí se desprende entonces el priorizar lo importante, lo esencial, lo que nos hace bien, más felices, lo que nos nutre el alma, para colocar en el centro de nuestra vida lo que moviliza nuestra existencia.
Es por ello, que debemos abrir nuestros sentidos y sistematizar los femicidios ocurridos en Chile. Este control, severidad, maltrato, abuso de poder, deriva en machismo y patriarcado crónico en estas personas, por ende, sigue terminando con las vidas de las mujeres chilenas. Estamos cansadas de que solo seamos un dato o estadísticas y que los femicidas se conviertan solo en una problemática social.
Devolver la sensación de seguridad, es una deuda que tenemos como sociedad, considerando que no solo las mujeres viven violencia, sino que también los niños y niñas, personas mayores, delitos cometidos en el marco de Violencia Intrafamiliar (VIF).
La capacidad de adaptación al cambio y necesidades urgentes que debimos enfrentar para llegar oportunamente y de la mejor manera a las mujeres de todo el país para brindarles seguridad, protección y un espacio libre de violencia, relevando que es un Derecho Humano.