Las víctimas también tienen derechos

La
violencia contra la mujer es un problema de salud pública global y una
“violación flagrante de los derechos humanos de la mujer”, según declara
la ONU.

Mirar
los últimos hechos vividos en nuestro país nos han vestido de rabia e
impotencia frente a tanta crueldad; en esta oportunidad a raíz de lo
sucedido con Ámbar, antes con Antonia, Navila y tantas pares más que ya
no se encuentran con nosotras/os.

“En
el último año, alrededor de 243 millones de mujeres y niñas de todo el
mundo han sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero
sentimental, según ONU Mujeres. Es muy probable que esta cifra
aumente debido al avance de la pandemia de Covid-19, que ha afectado
tanto al bienestar de las mujeres como a su salud sexual y reproductiva,
a su salud mental y a su capacidad de liderazgo en el ámbito social,
laboral y político”.

Esta
es la triste realidad que también incluye a nuestro país, que por
cierto, no ha sabido detener esta pandemia llamada Violencia de Género,
porque además de los irreparables errores judiciales, entre ellos el que
tuvo, como consecuencia la muerte de  Ámbar, está la presencia de un
Estado pasivo que tímidamente, cada cierto tiempo, da muestra de querer
cambiar la realidad de las mujeres y niñas chilenas, que hoy funciona en
base a la presión social que saca a las calles a las mujeres que exigen
justicia, para las que ya no se pueden defender, porque simplemente el
agresor las sorprendió regalándoles muerte, para silenciarlas para
siempre.

Cómo
no recordar, el caso de Alto Hospicio, donde primó el prejuicio social
de la autoridad y de una sociedad que invisibilizó estas jóvenes que
fueron desapareciendo una a una y lamentablemente ya conocemos el
resultado.

NO
A LA VIOLENCIA DE GÉNERO; la clase política debe dar respuesta en
varios ámbito en esta materia, primero cambiando de manera urgente las
leyes que permitan alcanzar igualdad de los Géneros y paralelo a ello,
reforzar un cambio cultural que ya no admite ninguna excusa, porque
sencillamente cada día que se pierde, le cuesta la vida a una mujer que
cae en las garras de un machista que siente que el sistema imperante lo
avala.

El
Estado no protegió a Ámbar, sus progenitores tampoco, esa es la única y
cruda verdad. La presión social de las mujeres que hablan por las que
ya no tienen voz, no pueden ser quienes hagan que la justicia opere,
esto exige un cambio estructural, rápido y urgente.

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