Casi en esta misma fecha hace 10 años, millones de chilenas y chilenos asistíamos a uno de los momentos más recordados de los últimos tiempos. De norte a sur, la esperanza cobraba vida y realidad al presenciar de manera remota el rescate de los 33 mineros que habían permanecido atrapados durante 69 días en la Mina San José en la Región de Atacama, específicamente, en Copiapó.
Es casi imposible imaginar una situación similar o ponerse en el lugar de los trabajadores que debieron atravesar por esa extrema situación. Ni hablar de la angustia y temor de familiares y entorno cercano.
Fueron momentos complejos, de incertidumbre, más preguntas que certezas, pero, aun así, con todo en contra, fue posible concretar el anhelado rescate y llevar alivio a todas esas familias.
El mundo entero fue testigo de esta verdadera hazaña fruto del trabajo colaborativo, la decisión de las autoridades y el amor por la vida. A 700 metros de profundidad, la esperanza se apoderaba de todo un país a la espera de ver a los trabajadores sanos y a salvo.
Juntamente con recordar ese momento, podemos hoy, a la distancia, reflexionar sobre nuestro presente.
Nadie pudo imaginar hace diez años que hoy, la población mundial se encontraría bajo la amenaza real de una pandemia.
Hemos visto y experimentado sus consecuencias, efectos más negativos y peligrosos; el daño que ha ocasionado en la salud física y mental de las personas, hasta en las formas de vida y de relacionarnos.
Durante todo este tiempo hemos atravesado por un proceso de aprendizaje para ir superando entre todos la emergencia sanitaria y sus efectos transversales en los más diversos ámbitos. La salud como objetivo principal, y por supuesto, el daño ocasionado a nuestras comunidades en los social y económico.
No estoy expresando novedad alguna sobre la pandemia y cómo nos ha aquejado, pero si quiero invitar a la reflexión, haciendo una respetuosa relación con lo que vivieron los 33 mineros de Atacama.
Solo el esfuerzo, la unidad y el compromiso asumido entre todos para superar lo ocurrido hicieron posible el milagro de volver con sus familias.
Todas esas semanas no deben haber sido para nada fáciles ni sencillas de vivir. Como en cualquier grupo humano, las diferencias siempre están presentes las que se pueden acentuar en condiciones extremas y donde consideramos que la vida se encuentra amenazada o en peligro.
Sin embargo, y más allá de cualquier diferencia, los 33 trabajadores deben haber acordado que había algo en común que los mantenía unidos. La idea de salir con vida y volver a reencontrarse con sus seres queridos era mucho más fuerte que cualquier enemistad o desacuerdo.
En la superficie, autoridades, voluntarios y familias hacían todo lo posible porque ese objetivo se hiciera posible.
“Los chilenos recordamos con emoción y nunca olvidaremos esas semanas en que la angustia y el dolor, pero también la fe y la esperanza, se cruzaron con nuestras vidas”, dijo el Presidente Sebastián Piñera durante la conmemoración de los 10 años del rescate.
Hoy tenemos un mismo objetivo que es superar la crisis sanitaria, y resultará imposible avanzar de manera individual. Esta es claramente una prueba colectiva que requiere de todos nuestros esfuerzos, del trabajo conjunto, generoso y solidario.
No perdamos de vista ese objetivo común, dejemos de lado cualquier egoísmo, interés particular o legítima diferencia y pongamos nuestras voluntades al servicio de todos.