Por un Chile Unido

Cada país vive cada cierto tiempo periodos de reforma, que van de la mano de cambios sociales y culturales, los cuales a través de la voz soberana de la ciudadanía buscan cambiar su realidad, a través de mecanismos más equitativos que logren hacer desaparecer la desigualdad y las injusticias.
Nuestro país vive uno de esos momentos claves, en donde nuevamente la ciudadanía busca manifestar su voluntad, a través de un plebiscito, en donde funda sus esperanzas, con el objeto de que a través del poder constituyente se refleje en la carta magna una nueva estructura legal que purgue ciertas prácticas que se han venido incardinando en nuestra sociedad y que parecen distanciarnos más entre nosotros.
No hay que ser muy erudito para darse cuenta de que la injusticia y la desigualdad social se ha ido acrecentando cada vez más, que muchas instituciones no funcionan, o que existen leyes absolutamente injustas -como la de pensiones, lo que finalmente ha repercutido en que hayan nacido grupos descontentos, que, al no ser escuchados, ven en la violencia la única forma de manifestar su disgusto. Esto no es nuevo, ni extraño, pasa en todas las sociedades -incluso en la de países desarrollados. Pero lo importante es saber por qué se tiene que llegar a este extremo para generar cambios.
Claramente nuestra Constitución adolece de mecanismos de consulta ciudadana al nivel que quisiéramos, en donde se pudiera llamar a elecciones anticipadas -en caso de que el parlamento no estuviera conduciendo de la forma que exige la ciudadanía, o donde se sometan a plebiscitos vinculantes ciertas materias que afectan a determinadas comunidades, o donde se garantice el derecho a una educación de calidad, o una vejez digna, una salud digna, etc.
Somos un país pequeño y pobre al fin del mundo, pero somos gente de esfuerzo, que ha construido este país con pala y picota, que lo ha sacado adelante, aun cuando por nuestras características, debiésemos haber sido un país más de Sudamérica. Estos grandes esfuerzos también han traído desigualdades, y es claro que eso requiere un cambio. Pero este cambio no debiese ser quitarle a los más ricos, sino cómo crear normativas que permitan que quienes no tienen acceso a tantos recursos -lo cual pasa en todo el mundo-, tengan una vida digna. El problema de base esta en que quienes son más desposeídos no tienen acceso a superarse y crecer, deben preocuparse de vivir el día a día, y con lo que ganan, tratar de movilizarse, tener algo de salud y alimentación, esto ocurre principalmente porque el Estado no distribuye de manera eficiente los recursos y no crea programas que tiendan a equilibrar la balanza en materia educacional y social. Si nuestros compatriotas pudiesen tener acceso digno a estos pequeños aspectos, su foco estaría en el crecimiento personal y no en la desigualdad social, ya que el Estado a través de sus recursos, les permitiría poder poner su mirada en la superación y no en la sobrevivencia.
Pero más allá de fórmulas secretas, lo que importa es que como comunidad aceptemos que sea cual sea el resultado del plebiscito, nuestro país requiere cambios, los cuales quizás no serán a través de una reforma constitucional, pero que igual pueden producirse si las propuestas de nuestros parlamentarios se ajustan a la voluntad soberana de la ciudadanía.
Espero que esto nos sirva para unirnos y buscar soluciones, porque solo a través del diálogo se consigue la paz social.

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