A
pesar de las tremendas amenazas de tormentas que se trataron de imponer
en la mente social con el retiro del 10 % de los fondos de las AFP,
igual la lluvia cayó y estamos felices como los trabajadores del campo
después de un largo período de sequía.
Las
amenazas de TC, tribunales supremos a los disidentes, los cansadores
argumentos y el aseguramiento de que perjudicaría las pensiones futuras
sirvieron para aumentar el deseo de llegar a esos fondos, pues todas las
explicaciones apuntaron a una sola cosa: mantener el status quo del
sistema neo liberal impuesto a la fuerza y que solo beneficia a unos
cuantos.
Quedó
demostrado que la Constitución requiere un cambio urgente y profundo y
no matices como los que aspira la opción rechazo; que la democracia no
es ideologismo puro y sin sentido, a pesar de que los que lo propugnan
vuelvan a estar en la primera línea; que los reiterados dichos, por más
que lo hayan repetido contradecía la voluntad popular de un altísimo
porcentaje de la población, mucho más alto que los porcentajes obtenidos
en el congreso; y, quedó claro que los efectos en millones de personas
será imperceptible toda vez que las pocas cantidades acumuladas
individualmente en las AFP, no mejorarán las ya alicaídas cuentas de lo
que percibirán cuando les corresponda. Recordemos que Chile es un país
de microempresarios.
La
majadería de querer impedir a toda costa que los propietarios lleguen a
sus bienes es una expropiación en vida en favor de quienes la
administran, cobran comisiones, pagan millonarias remuneraciones y
reparten utilidades estratosféricas. No es al revés como se quiere hacer
ver y que los ilusos conformistas de manera irracional toman como
bandera de lucha.
La
cantidad de dinero que va a llegar a los ciudadanos, sea de manera
directa o a través de las retenciones de los miles de deudores de
pensiones alimenticias será un tremendo incentivo a la economía. Habrá
circulante que podrá permitir pagar o amortizar deudas; habrá rotación
de recursos y mejoramiento en la adquisición de bienes y con ello un
flujo importante de crecimiento de la nación. La pandemia nos sumió en
una crisis inesperada, desoladora y asfixiante y este famoso 10 % será
un alivio a las personas, a los tenderos y feriantes, a los
transportistas y grandes almacenes, a los bancos y el retail. Y sin
querer, de nuevo el mismo dinero llegará a sus manos.
En
consecuencia, habrá un alivio que se sumará a las cajas, a los aportes
solidarios, a los prestamos y al escurridizo Fogape y que se traducirá
en ayuda efectiva a muchísimos que veían perdida toda esperanza de que
también les pueda tocar algo.