Teletrabajo no implica más tiempo libre para las mujeres

En
tiempos complejos, hemos visibilizado tantas situaciones que nos
invitan a reflexionar, sobre las desigualdades profundas que nos
afectan, como las brechas sociales vergonzosas, brechas laborales
insostenibles y brechas digitales que se evidencia en diversos ámbitos,
solo por nombrar algunas.

Lo
anteriormente expuesto nos lleva a pensar, ¿cómo es posible tanta
distribución injusta en la casa, en el trabajo y el país?, ¿por qué
tanta omisión frente a la inversión social? o ¿Por qué nuevamente recae
en las mujeres las tareas invisibles, que una vez más se traducen en
violencia de género? solo, como muestra, muchas de ellas son quienes
lideran la primera línea en salud, como también las que están perdiendo
sus empleos etc.

Forzosamente
hemos debido conectarnos con nuestras vulnerabilidades, esta
interdependencia heredadas ineludiblemente por quienes nos antecedieron,
hoy parece recordarnos nuestro origen cultural,
como
pueblo altamente machista, demostrado en cifras dolorosas que hablan de
que el enemigo está en casa, en este mundo interno, donde se supone
debemos sentirnos protegidas, cuidadas y respetadas, sin embargo, está
ocurriendo lo opuesto. Paradójicamente al igual que en cualquier crisis,
hemos sido mayoritariamente las mujeres quienes de manera innata hemos
ido al frente en defensa de lo nuestro.

Las
seguridades y las certezas en este tiempo de incertidumbre no son parte
de nuestras vidas y esta tensión diaria, sumado a la acumulación de
tareas a instalado en las mujeres nuevas frustraciones y temores, como,
por ejemplo, en el ámbito laboral, donde las exigencias se han
incrementado demasiado, en algunos casos sin horarios y sin respeto,
porque además se le enrostra que por lo menos tienen trabajo y están en
la comodidad de su hogar, lo que demuestra una vez más, que solo importa
lo cuantitativo y no lo que ocurre con muchas mujeres que se sienten
presion
adas y desbordadas por esta indiferencia a lo que están viviendo en solitario.

Este
estrés que confiesan las mujeres casi con culpa, sin ser conscientes,
de que nuevamente están soportando más de lo que una persona puede
sobrellevar o resistir, nos impone nuevos desafíos que implica insistir
en que se debe equiparar la carga en la división del trabajo al interior
de la casa y fuera de ella.

Parece simple en palabras, pero al escuchar los relatos de mis pares, es fácil darse cuenta que son las mujeres que además
de cumplir con el teletrabajo, deben dar respuesta a las demandas
estudiantiles de sus hijos en los mismos horarios en que ella debe
trabajar, de igual manera asumir las tareas de cuidado, tanto de los
hijos/as o de una persona mayor que se tenga a cargo, el aseo, el
almuerzo, lavar, planchar, comprar y un largo etcétera.

Todo
esto en un mismo horario y sola, porque no tiene sus redes de apoyo
inmediatas, como un familiar, el jardín, la escuela entre otras.

Esta
falta de contención, sumado al estrés y presión de sentir que puede
perder su trabajo si no cumplen, con las tareas encomendadas por su
empleador/a hace que nuevamente las mujeres se sienten violentadas por
un sistema que las daña una y otra vez.

Cuando
se pensó en esta “normalidad de la productividad”, mediante la
modalidad remota, se miró desde lo masculino y en los tiempos que
dedicarán ellos, pero no se pensó en quién pagaría los costos. En este
contexto de pandemia se ha puesto a las mujeres en una situación
compleja y arbitraria. Esto último sólo requiere una indagación mínima
en los ámbitos, relacionados
con la pésima distribución en los roles al interior de las familias, cualquiera sea su composición.

“Las distintas zonas de trabajo que constituyen la vida de las mujeres se entrecruzan en un único espacio y en el mismo tiempo: la casa”, entonces ¿cómo lograremos alcanzar un desarrollo integral? si no somos capaces de eliminar los sesgos.

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