Si bien la frase del título de esta columna recuerda a Francisco Franco Bahamonde, gobernante español y no del gusto de la izquierda insurgente, sin embargo, es esta última quien la ha aplicado al proceso político y constituyente chileno. Se trata que la gente piense que será su voluntad la que se expresara en el plebiscito del 25 de octubre cuyo resultado y consecuencias, sobre todo, están atados, y bien atados. Todo arreglado.
Escuché la frase “el pueblo no respeta a la autoridad, y la autoridad no respeta a su pueblo”, y ese es el drama tan profundo que atravesamos, el resultado es un sistema de reciproca desconfianza, nadie confía en nadie ni en nada y se nota a diario, haciendo casi imposible gobernar en un país en que tampoco existe voluntad en tal sentido del propio gobierno. Porque en el plebiscito en cuestión no se define nada porque todo ya está decidido. Ha dicho Sebastián Piñera que “la constitución la vamos a cambiar de todas maneras”, lo cual torna inútil el resultado del día 25 si ya todo está decidido, y nunca olvidemos que Piñera es actor esencial de la borrasca histórica que sufrimos, no como un derrotado que ha cedido, sino como un impostor que es eje de una trama conspirativa imposible de realizarse sin la presencia de un “gobernante” que hábilmente engaño y dividió al sector que lo apoyo en su elección y hasta neutralizarlo por completo. El factor Piñera ha sido decisivo para que, a punta de violencia, destrucción y terror, se abrieran las fauces del monstruo insurgente que ya tiene medio muerta a toda la institucionalidad, pero, y eso no lo ve el resto, ya tiene el poder en términos efectivos. La izquierda y la insurgencia tienen hoy por hoy el control del poder ejecutivo. Piñera es de izquierda y ha gobernado para la izquierda. El legislativo lo controla la extrema izquierda que ha sometido a la oposición más moderada. Sabido es también la posición de buena parte de los ministros de la Corte Suprema y varias cortes de apelaciones, jueces, etc. El contralor general de la República es claramente de izquierda, también el fiscal nacional y muchísimos fiscales. Además, y gracias a la acción de su actual presidente puesta en su cargo por Piñera, el Tribunal Constitucional está dividido y casi neutralizado. Solo se salvan, por ahora, las FF.AA., Carabineros y la PDI están en franco proceso de desmantelamiento y reforma hasta someterlos. Controlan el aparataje cultural, la educación pública, la mayoría de las Universidades e Institutos, los sindicatos. La mayoría de los funcionarios públicos… el aparataje del Estado chileno pertenece a la izquierda casi en su conjunto, lo controlan, ese es el poder político y será la base del nuevo régimen totalitario en construcción evidente. Ahora van por la sociedad civil, por los millones a que no controlan. El plebiscito y la nueva constitución que ya está escrita y formalizaran en una convención de apariencia, solo la necesitan para poner lapida y sello de defunción a la democracia con libertad que hemos tenido, para instaurar el nuevo orden socialista en que ellos, los insurgentes pretenden gobernar por mucho, mucho tiempo.
La pandemia ha sido el tiempo y el espacio ideal para probar una creciente vulneración a nuestros derechos y libertades, ya la sola realización del plebiscito es una aberración, un acto profundamente antidemocrático e irracional excepto claro, para los insurgentes que se aprovechan de que el Servel le ha mentido al país, su plan de seguridad sanitaria es falso y absurdo, expondrá a riesgo de contagio y muerte a más de 14 millones, 122.500 solo en Punta Arenas. El doble estándar de la clase política y sirvientes es proverbial y vergonzosa. Si dichas medidas fueran tan eficaces podrían estar abiertas todas las actividades solo aplicándolas. Aquí no importa nada, solo realizar el show de que “el pueblo” decidió algo que en realidad ya fue decidido en las sombras. Mucho me temo que vendrán tiempos muy difíciles, mucho más que ahora, en que deberemos demostrar si queremos y somos capaces de sobrevivir como país o seremos otro territorio más gobernado por la ONU, con un gobierno títere socialista del siglo XXI, en un país cada vez más pobre, más mediocre y rasca, lleno de “derechos sociales” incumplidos y derechos individuales inexistentes. Pero hoy o mañana perderán, las cosas que se atan también se desatan.