Apenas
ha transcurrido una semana y podemos hacer un análisis pormenorizado de
lo acontecido en el proceso que concluyó el lunes 11 de enero. Con gran
esfuerzo algunos llegaron a la meta, pero también con mucha desilusión
quedaron en el camino muchísimos de los 15.000 postulantes que en todo
el país se presentaron ante el Servel para correr contra el tiempo y
reunir las firmas exigidas y participar de un proceso histórico. Al
final fueron más de 2.200 los que lo lograron y se presentaron solos, en
listas o unidos a algún tipo de representación. Fueron más de 550.000 las firmas de los que las patrocinaron y esa cifra habla por sí misma.
Aquel
día, además, se concretó la promesa acordada en La Moneda de que todos
los partidos de derecha, incluyendo el Republicano de Kast hicieran lo
propio, armando listas que competirán en la dispareja mesa para tratar
de impedir que se produzcan los cambios que la ciudadanía demandó,
defendiendo “el legado”. Los representantes del “Rechazo” se han
mezclado ladinamente con muchos otros que no hicieron ningún trabajo de
pedirle a la comunidad que les manifieste su confianza, amparados por el
poder que le entregan las estructuras que conforman la elite y que
pondrán ingentes recursos desplegando su campaña comunicacional para
conseguir su objetivo. Usaron y abusaron de su poder para subir y bajar a
sus gustos a los integrantes de sus listas y eso quedó a la vista de
todos.
Lo
mismo ha ocurrido en la otra vereda, donde otro millar de candidatos
engrosan las listas presentadas y que, al igual que los tenaces
opositores a los cambios, no tuvieron más que concurrir con la firma de
sus Secretarios Generales para dejarlos a todos en las papeletas. Muy
interesante: muchos más de la mitad de los candidatos fueron inscritos
por no mas de 10 firmas nacionales, mientras más de medio millón de
personas procuró que esto fuera realmente el ejercicio democrático que
esperaban. Los títulos, doctorados, academias y demás se muestran como
currículos como si la discusión que se llevará a cabo vaya a ser
netamente académica y protocolar. ¡Qué equivocados están!
¿Acaso no logran entender lo que la población quiere? ¿No pueden hacer lectura de
lo que se votó el 25 de octubre? ¿Quieren hacer oídos sordos a lo que
se pidió y que fue que la Asamblea Constituyente estuviere alejada de
los partidos y sus representantes? Ahora aparecen figuras que fueron
guaripolas del rechazo, caras bonitas y renombradas, de buen lenguaje y
gesticulación y para que decir de los del mundo del espectáculo. La
Asamblea no es un circo.
Los
medios con sus dueños y editores están en campaña. ¿Tampoco se dan
cuenta del sentir de la comunidad? Es cosa de ver los metros de columnas
y horas de entrevistas que, en todo Chile, se les da a esos candidatos
que la gente “no quiere”, dando clases. Día a día, semana a semana,
serán mayores las cortapisas para impedir mostrar quienes somos,
nuestras propuestas y procurarán cansar al electorado con imágenes y
entrevistas de sus regalones, procurando confundir a los votantes y
sacar a los independientes de sus mentes.
La
elección de los Convencionales es totalmente distinta a la de los otros
cargos que se disputarán ese mismo día y la gente no se debe dejar
manipular. A pesar de que muestren listas completas pidiendo votos para
el conjunto de personas que postularán a los cargos colegiados y a los
que “han invitado” a suscribir
sus pactos, esperamos que el mensaje contenido en esas 550.000 firmas
se multiplique exponencialmente y dé una gran lección a todos los que no
entienden.