65 años de amor renovados en las calles de Punta Arenas

Desembarcaron  temprano desde el Prince, uno de los tantos cruceros turísticos extranjeros que esta temporada recalaron a Punta Arenas y que estuvo a la gira el sábado pasado.
No era la primera vez que  Reuben y Seina Minzer, nacidos en Montevideo, pero avecindados en Scottsdale, en el muy norteamericano estado de Arizona, llegaban hasta Punta Arenas, a bordo de una de esas naves, verdaderos hoteles flotantes, con muchas, muchas estrellas.
“La gente nos encanta, hablan y tratan de una manera muy especial y tenemos varios amigos a los que les trajimos regalos, porque les tenemos cariño y ya, a la cuarta o quinta vez, nos ubicamos perfectamente”, dijeron.
Él, ya de 87 años, es un ingeniero electrónico jubilado, y ella, de 81, ha sido pedicura y manicura “pero en mi casa” y cuentan que han renovado su amor en las calles y avenidas de Punta Arenas, al cabo de sesenta y cinco años de matrimonio.
“Tenemos un par de mellizos de sesenta años y nuestra guagua se apresta a cumplir cincuenta años. Tenemos siete nietos, pero aún no tenemos bisnietos… pero ya llegarán”, afirmaron sonrientes.
Recordaron que se conocieron en un club deportivo en Montevideo, casi adolescentes y decidieron unir sus vidas “porque nos quisimos, porque nos amamos” y tomados de las manos, se miraron a los ojos y se dieron un beso de aquellos que parecen sacados de una película romántica, teniendo como fondo el Estrecho de Magallanes, dominado por la vista panorámica que otorga el mirador del Cerro de La Cruz.
Un secreto
Y un secreto: para mantenerse unidos, como matrimonio, al cabo de seis y media décadas, es preciso tener una actitud positiva, risueña, frente a la vida; sexo, aún a esta edad, y bailar y caminar lo que más se pueda (“nosotros en Scottsdale recorremos su buen par de millas todos los días”, dijeron con satisfacción y orgullo inocultables.
“En el Prince, viajamos 3 mil 400 pasajeros, algunos muy estirados, pero nosotros bromeamos con el personal que nos atiende, con los mozos, con las chiquillas y chiquillos que trabajan a bordo y cada noche, bailamos mucho, aprovechando lo que el barco ofrece, lo cual llama la atención de muchos”, comentaron, sonriendo.
Seina viene de superar con éxito un problema de salud bastante serio: “sufrí una baja de presión y llegué a marca 8 – 4, pero me llevaron al hospital, me atendieron, me salvé y uno de los hijos nos trajo a este nuevo crucero…y aquí estamos, disfrutando de la vida”.
“Y quisimos renovar nuestro amor en Punta Arenas porque esta es una ciudad muy hermosa, con gente amable y tranquila…como nuestro mutuo amor” y antes de despedirnos, antes de que retornen al crucero, han vuelto a tomarse de las manos y a besarse, amorosamente.
Si unos familiares suyos – Ruthie y Allan y sus tres hijos – que residen en Las Condes, llegan a leer esta nota periodística, surgida después de un encuentro fortuito en Colón con Chiloé, donde pedían información acerca de los redondeados pinos de la avenida, seguramente se sentirán felices y orgullosos de tener aún a Reuben y a Seina, aunque esté en Scottsdale, allá en Arizona, recordando, a veces, al lejano Montevideo, y en forma casi constante, a la hermosa ciudad – puerto de Punta Arenas, donde volvieron a renovar su amor, sesenta y cinco años después de la primera vez.

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