Aeroevacuaciones: las historias que unen a tres magallánicos

La
unión hospitalaria que logró Chile a causa de la pandemia ha salvado
miles de vida de compatriotas a lo largo del país, sus experiencias de
vida sin lugar a duda dejan huellas tanto para ellos como sus cercanos.

Varios
han sido los magallánicos aeroevacuados durante este año de pandemia,
algunos sorteando con éxito el virus y otros, lamentablemente, perdiendo
la batalla, lejos de su tierra que los vio nacer, crecer y hacer
historia.

Aquí
conoceremos tres historias de magallánicos que regresaron y que quieren
generar conciencia en la población de los reales riesgos de la
pandemia.

“Un día nos dijeron que nos debíamos preparar porque ya no había nada que hacer. Nos contaron hasta cómo lo iban a dejar ir, todo… Y gracias a Dios de un día para otro, tanto rezar, él se recuperó”, sostuvo
Jaime Francisco Yacsich Gálvez, aeroevacuado el 18 de abril de 2020.

Un
milagro inesperado, así se podría titular la historia de Jorge Yacsich,
uno de los primeros magallánicos que debió ser aeroevacuado hasta
Santiago para dar la pelea al Covid-19.

Todo comenzó un día que empezó a sentir mareos, dolores de huesos, decaído, lo que finalmente hizo
que, su hijo, llamara al SAMU, quienes rápidamente lo trasladaron al
Hospital Clínico donde quedó internado y desde donde salió hacia el
norte del país el 18 de abril.

“Un
día él se empezó a ahogar en la casa, como que no podía respirar, mi
hijo llamó a la ambulancia y se lo llevaron al hospital, el mismo día
entró a la UCI y lo entubaron, todo fue muy rápido”, recuerda Marta Andrade, su esposa, con quien ha compartido 38 años de su vida.

Marta
explica que ella siempre tuvo la fe y certeza de que su marido volvería
a Punta Arenas, a pesar de los pronósticos negativos y poco auspiciosos
informados desde la capital. “Nos avisaron que sus pulmones estaban en
muy mal estado, muy deteriorados y él no respondía a nada, él se fue con
traqueotomía y se le infectó, le entró otro virus, todos los días era
algo distinto, parecía que avanzaba un día y al otro, retrocedía el
doble, hasta que un día nos dijeron que nos debíamos preparar porque ya
no había nada que hacer, nos contaron hasta como lo iban a dejar ir,
todo… y gracias a Dios de un día para otro, tanto rezar, él se
recuperó”, comenta feliz.

Recuerda
que ese día la llamaron alrededor de las 10 de la mañana y junto a su
hijo, pensaron que era para avisarles que había pasado lo peor; “así que
le dije a mi hijo que se calmara, los médicos nos dicen que no sabían
que había pasado con él, que fuerza tenía que había despertado y hasta
había hablado, reaccionado a todo; yo le dije al médico que era un
milagro, él me dijo que no sabía que había ocurrido, pero era claro que
algo había pasado”.

Jaime
Yacsich estuvo 43 días dormido. “Desperté y estuve unos cuantos días en
el hospital, los médicos me dijeron que estaba en el Hospital Luis
Tisné en Santiago”. Don Jaime, se comenzaba a preparar para retornar, la
fecha el 19 de mayo.

Juntos
reflexionan sobre lo vivido y, reiteran su agradecimiento por la
entrega del equipo de salud, “ellos nos contuvieron, desde el trabajo en
el hospital a todos quienes venían a nuestra casa por la recuperación, a
la forma en que nos decían las cosas por teléfono, porque el contacto
que tuvieron fue muy importante, ellos nos hablaban muy bien, nos
explicaban todo, hasta con ese tono de voz agradable para que uno
estuviera tranquilo”.

“Uno
aprende a valorizar lo que tiene, a su familia y seres cercanos y, a
saber, que el Señor me dejó con un propósito, me dejó para ser
testimonio y decirle a la gente que sea responsable, que las cosas no
son tan livianas como las ven, que por porfía esto no se termina”
, sostuvo Ruth Alvarado Morales: aeroevacuada el 10 de abril de 2020.

Ruth
Alvarado llevaba una vida normal, diariamente visitaba a su madre,
asistía a la Iglesia y visitaba a sus amistades, todo iba bien hasta que
un día comenzó a sentir ahogos, tenía tos, cansancio
y no respiraba bien. Tras insistencia de su marido fue a la urgencia
del Hospital Clínico, en dos ocasiones, la última terminó con ella
internada en la UCI.

Fueron largas jornadas de incertidumbres en la que su marido, Víctor,
su compañero de vida por 35 años y su hija no encontraban respuesta
alguna respecto a avances de su esposa y madre, en ese sentido, Víctor
fue contactado por un médico del recinto para solicitar su autorización
porque Ruth necesitaba una traqueotomía para poder continuar su lucha contra el Covid-19.

La
intervención fue todo un éxito y ahí comenzó el repunte de Ruth, una
vez estabilizada, los doctores tomaron la decisión de trasladarla hacia
Santiago para continuar su tratamiento, finalmente el 10 de abril de 2020, Ruth era aeroevacuada al norte del país.

Una
vez en la Clínica Ensenada de Santiago, Ruth comenzó su recuperación,
aquella que finalmente la trajo de regreso el 12 de mayo a su tierra,
junto a su marido y familia.

Ruth
reconoce a todos quienes tomaron parte en su recuperación. “Todos
excelentes profesionales, los médicos, las enfermeras, los técnicos, los
kinesiólogos, tanto acá como en Santiago, todos me tenían un cariño
tremendo; a los de Santiago, yo les decía que no los iba a extrañar y
quedamos que cuando vengan a Punta Arenas me busquen, yo acá los voy a
recibir”, dice.

Al
reflexionar y recordar lo que vivió, se emociona por todo el afecto y
cariño que recibió durante ese periodo del que ella no guarda recuerdos,
mostrándose agradecida de Dios, de su A, comunidad y personal de salud.
“Uno aprende a valorizar lo que tiene, a su familia y seres cercanos y,
a saber, que el Señor me dejó con un propósito, por eso yo le agradezco
a Dios primero y luego a todos los profesionales por estar viva, porque
el señor me dejó para ser testimonio y decirle a la gente que sea
responsable, que las cosas no son tan livianas como las ven, que por
porfía esto no se termina”, puntualiza.

José estuvo 10 días en Santiago, el 6 de mayo retornó a Punta Arenas.

“Cuando
volvió acá tuvo que volver a aprender a caminar, a comer, a hablar, no
tenía fuerza, y los kinesiólogos, la fonoaudióloga, todos ayudaron en su
recuperación”
, sostuvo José Mercado Subiabre: aeroevacuado el 26 de abril de 2020.

José
es magallánico de tomo y lomo, nacido, criado y mal criado; durante 60
años ha recorrido los caminos de la región y las calles de Punta Arenas,
arriba de un camión o arriba de su taxi en el último tiempo y previo a
la pandemia.

“Me
tocó al inicio de esto mucho pasajero extranjero, así que en un momento
dije voy a parar y paré, estuve un mes en la casa y un día me fui a
vacunar, al segundo día me subió la temperatura, yo me ponía paños fríos
y no pasaba nada, así que fui al Cesfam Damianovic”, señala.

Su
hermana Verónica, comenta que al otro día lo fue a buscar la
ambulancia, lo llevaron al hospital e internaron, al día siguiente lo entubaron;
“eso fue el 18 de abril, los doctores me llamaban todos los días y me
decían que él estaba estable pero grave, lo terrible era no poder ir a
verlo, y para descongestionar acá lo mandaron a Santiago, pero él no
sabía nada porque estaba durmiendo”.

De
la estadía capitalina no se enteró, no supo nada de allá y, se vino a
informar cuando volvió a su casa, por lo que sus viajes los relata de
manera muy especial. “Lo único que supe es que me llevaron a otro
aeropuerto y yo veía el hospital que se iba, y yo estaba en un barco de cuatro
pisos, y no sé qué vuelta dimos y había un avioncito y alguien dijo
este es del Servicio Nacional de Salud así que lo vamos a llevar; yo
pensé que se llevarían el avión, pero era yo y me embarcaron adentro, y
el ruido era terrible, y después me sacaron y me dejaron parado en otro
lado. Después de vuelta, el avión aterrizó en Carrera Pinto con Armando
Sanhueza, ahí donde está Peteco, ahí en la cuneta… Y
estaba lloviendo parece y me sacaron y me dejaron en una pieza de pie
nuevamente, eso me dijeron era producto de la sedación”, dice José.

Verónica
menciona que, como familia, como hermanos, siempre estaban pendientes
de él, por lo que agradecen el contacto constante con los equipos
clínicos de Punta Arenas y Santiago; además de las diversas atenciones
recibidas. “Cuando volvió acá tuvo que volver a aprender a caminar, a
comer, a hablar, no tenía fuerza, y los kinesiólogos, la fonoaudióloga
todos ayudaron en su recuperación, ahora igual vienen a la casa, así que
estamos bien y súper agradecidos de todos los funcionarios de salud”,
finaliza.

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