Tras el fin de semana, los días 18 y 19 de septiembre correspondieron a feriados irrenunciables, es decir, todo el comercio mayor (supermercados y centros comerciales) tuvo que permanecer cerrado según la normativa. Sólo funcionaron locales de expendio de combustible y farmacias de turno.
También funcionaron los almacenes de barrio, atendidos por sus propios dueños, los que se convirtieron en la mejor opción para abastecerse en estas largas celebraciones. Los encargados de estos locales familiares sacaron cuentas alegres, tras dos días de celebraciones a lo largo del país.
En Punta Arenas, Ana Calle es dueña del almacén Soledad, ubicado entre las calles Zenteno y Capitán Guillermos. La encargada manifestó que “este año estuvo bueno, subimos harto las ventas. El 18, eso sí, nos complicó uno poco porque tuvimos visitas en la casa, pero gracias a dios se pudo llevar el local junto a mi marido”.
Atendiendo todos los días, desde las 10 de la mañana hasta las 2 de la madrugada, Calle contó que se les acabaron las bebidas alcohólicas y el helado de piña para el tradicional trago “Terremoto”, por lo que estaban esperando a que llegue nuevo stock.
Unas cuadras más arriba se encuentra el minimarket Nicar, atendido por su dueña, Patricia Naín, junto a su marido y sus dos hijos, quienes tuvieron alta afluencia de público durante la mañana de ayer.
“Ha sido bueno, aunque aún no podemos hacer la comparación con el año pasado, porque seguimos atendiendo. Lo que más se han llevado ha sido cerveza, vino pipeño y helado de piña, de eso nos queda muy poco, pero aún queda”, expresó.
Naín también contó que la venta de empanadas tuvo buena aceptación, gracias a la extensión de Fiestas Patrias, celebración que duró cuatro días y que pretende alargarse hasta este fin de semana debido al feriado regional del 21 de septiembre.