En
las últimas décadas hemos visto fuertemente cómo la población de
nuestra región se ha ido envejeciendo. Estamos en la segunda región del
país con las cifras más altas al respecto. En 1990, la expectativa
promedio de vida de los chilenos llegaba a 73 años. En 2012, ya había
subido a 80 años. Pero en Magallanes es mayor, casi llegando a los 85
años y ello dicen, que no necesariamente refleje que la salud de
nuestros adultos mayores sea mejor en esta zona del país. Según las
estadísticas sanitarias publicadas por la Organización Mundial de la
Salud (OMS), la esperanza de vida a nivel global ha aumentado en
promedio seis años desde 1990. Y ello se ve reflejado también en nuestra
región, pero el fenómeno que alarma a nuestra zona es la alarmante
caída en la tasa de natalidad. Una alta esperanza de vida, pero con la
segunda población más envejecida del país, nos llevará como región a
tener una serie de desafíos para las políticas públicas, lo que debiera
ser tomada en cuenta a la brevedad por nuestras autoridades. Las
temáticas a considerar son: previsión y salud, como asimismo en la
estructura económica general, porque además de contar con una fuerza de
trabajo más envejecida, la población activa deberá financiar a una
porción pasiva cada vez mayor. No hemos escuchado en las propuestas que
se están planteando a nivel central estas temáticas. Tampoco las hemos
escuchado en los debates públicos y en el diseño de políticas, que
parecen muy enfocadas en mejorar ciertos aspectos de la calidad de vida,
pero, ¿de quiénes? Nuestro futuro está ahí a la vuelta de la esquina y aún no hay claridad al respecto.