Todos quienes transiten por la calle Zenteno, entre Condell, por el norte, y el pasaje doctor Fernández Villa, por el sur, pueden apreciar desde más cerca, el deplorable estado en que se encuentra una construcción que, hasta hace unos años, cobijara al Hospital Regional Doctor Lautaro Navarro Avaria y algunas de las dependencias anexas al edificio central.
Diario El Pingüino ha denunciado en varias ediciones el lamentable estado del edificio de cinco pisos, de construcción sólida y numerosos ventanales que dan hacia la calle Angamos y al Pasaje Goleta Ancud, incluyendo lo que fuera el acceso principal al abandonado recinto hospitalario.
Ese lamentable estado es similar a lo que puede apreciarse si se transita por calle Zenteno, desde calle Condell, por el costado norte del vetusto edificio, hasta el pasaje dedicado a la memoria, singularmente, del doctor Fernández Villa.
En estos sectores, ocasionalmente se corta la maleza de lo que alguna vez fueron jardines.
Los vidrios de las ventanas están, en su mayoría, destrozados a pedradas o con algunos objetos contundentes o protegidos a medias por rejas que en más de una oportunidad, han sido arrancadas por personas que han ingresado al recinto, pese a la presencia de un par de guardias de seguridad.
“Es penoso lo que ocurre con este edificio. Está muy deteriorado y se perdió la oportunidad de haberle dado otro uso después que fuera desocupado hace ya cuatro años”, manifestó José Fernández Suárez, quien se desempeña en la Ferretería San Marcos.
“Hacerlo ahora, costaría mucho, pero mucho dinero y lo peor es que, cuando sopla fuerte el viento, se desprenden más planchas de la techumbre, lo que representa un riesgo para todos.
Los vecinos del Pasaje Goleta Ancud, de calle Condell y de Zenteno, donde incluso funciona una panadería, también debemos sufrir con la presencia de roedores que tienen refugio en esas dependencias que están abandonadas”, agregó Fernández Suárez.
Las mismas coincidencias se dan entre el personal de la ferretería y de otras vecinas del sector o simples peatones que se desplazan por las inmediaciones del que fuera un importante centro asistencial, como José Quiroz y su esposa, Eduvina Barría, quienes fueron pacientes en ese hospital regional de antaño y lamentan apreciar en qué condiciones se encuentra el edificio.
“Pudo haber sido centro de atención de los servicios públicos; un centro comunitario o cualquier otra cosa, pero da pena ver cómo está ahora y vamos a ver qué va a pasar dentro de un tiempo más y nosotros vimos correr ratones por el pasaje que está al lado de la escuela Arturo Prat”, dijeron con molestia, pero negándose a una fotografía.
El edificio es de propiedad del Ministerio de Salud y el Gobierno Regional ofreció cederlo a la municipalidad para que allí funcionaran una serie de reparticiones edilicias que están desperdigadas por el centro de la ciudad, principalmente, pero el costo estimado en reparaciones y habilitación como oficinas, hizo que la oferta se declinara.
Otra opción que se manejó en su momento fue la demolición del edificio y la construcción de una torre de varios pisos, pero, otra vez el costo, echó la idea por tierra.