En
Chile miles de personas desempleadas por la paralización que ha traído
el Coronavirus, han tenido que reinventarse en cuestión de semanas para
poder subsistir echando mano a lo que tenían a su alcance.
Marcela
Hueichapan, de 43 años; y su pareja, Ramón Canales de 48, forman parte
del casi 30% de trabajadores informales del país a los que la crisis del
Coronavirus golpea con más fuerza.
Hasta
antes de la irrupción de la pandemia, ella limpiaba casas y Ramón
trabajaba en la construcción, ambos en Santiago, pero ante el riesgo de
contagios no volvieron a conseguir trabajo.
Sin
dinero en los bolsillos y con las cuentas acumulándose, volvieron a
echar mano a un oficio que antes ya les había salvado su economía
familiar: hacer pan y venderlo entre sus vecinos.
Hace
tres semanas comenzó a hacer 50 panes en la cocina de su casa. Al día
siguiente eran 70 y luego 90. Actualmente hornean 200 todos los días.
De
esta manera hacen unos $26 mil diarios, que con lo justo les alcanza
para pagar el arriendo de la casa que comparten con otra familia.
Ramón
se pone los guantes, su mascarilla y sube a su auto a vender entre sus
vecinos, que prefieren comprarles a ellos para evitar concurrir a
almacenes donde se pueden contagiar.