El año 1971 Carmen Maldonado Aros llegó a Punta Arenas acompañando a su marido, Eduardo Saa (quien acaba de jubilar de Aduanas), por un supuesto plazo de tres años. Sin embargo terminó quedándose 45 años y convertida en toda una magallánica.
“No quiero llorar”, nos dice, y aunque intenta reprimir tal sentimiento no le resulta fácil al comenzar la entrevista con Pingüino Multimedia, porque en fracciones de segundo se le vienen miles de recuerdos a la cabeza. Es toda una vida que deja en Punta Arenas.
“Me voy a vivir a Villa Alemana”, comenta penosamente. “Esta ciudad me adoptó como una magallánica más y así la quiero yo también. No me quería ir por nada del mundo, pero por problemas de salud de mi hija me tengo que marchar. Es el deber de una madre. Ella nos necesita, pero mi corazón queda acá”.
Carmen Maldonado es viñamarina. Hasta los 20 años vivió en Villa Alemana. A esa edad se casó y se vino a Punta Arenas, con una niñita que tenía un año y nueve meses (Pamela); y un bebé de dos meses (Eduardo). “Acá nació un magallánico (Rodrigo), que es el más pequeño (hoy tiene 36 años) y además tengo una hija del corazón, como le digo a mi nieta, Cony”.
Ciudadana Ilustre
Contadora de profesión, Carmen Maldonado es una mujer cien por ciento católica. Trabajó por años de ecónoma del obispado de Punta Arenas, pero además es una servidora pública innata.
Esto le valió ser distinguida el año 2008 Ciudadana Ilustre, premio que recibió de manos de la entonces intendenta Eugenia Mancilla, quien en ese momento destacó el avance de la región gracias al aporte de todos y todas, “especialmente de quienes han hecho de la solidaridad una opción de vida”, en alusión a la homenajeada.
Apoyó la sexualidad segura de los jóvenes, también los patrullajes nocturnos, a la gente que vive en situación de calle, en los operativos de salud, en la creación de proyectos que fueran en ayuda de los más desposeídos. Todo “ad honorem”, porque “su pago es la alegría que provoca en quienes ayuda”, resaltó la intendenta.
Villa Cruz Roja
“De la Cruz Roja me llevó los mejores recuerdos y muy orgullosa de lo que logramos hacer, gracias a todas las autoridades que me acompañaron y al obispado, sobre todo en la Villa Cruz Roja, porque pudimos lograr que la gente tuviera su libreta con ahorro y ahora vivan en la Villa Nelda Panicucci. Esto permitió que los niños dejaran de andar en el barro”, comentó Carmen Maldonado.
Resaltó la labor que realiza el obispado, porque nunca se publica lo que hace la iglesia en forma diaria junto a sus sacerdotes.
El próximo lunes 25 Carmen Maldonado abandona Punta Arenas, en vuelo a su nuevo destino, y se marcha con muchas emociones y sentimientos encontrados. “Es muy triste dejar esta ciudad porque los amigos pasaron a ser nuestra familia”, comentó ayer, minutos antes de recibir la distinción que en la misa de mediodía le entregó el obispo Bernardo Bastres y el vicario general, Fredy Subiabre, en la iglesia Catedral.
Obispo agradecido
El obispo Bernardo Bastres expresó estar muy agradecido del trabajo que por tanto tiempo brindó Carmen Maldonado al obispado y la Catedral. “Es una mujer con mucha disposición, al servicio de todos. De una gran dimensión, como fue lo que hizo en la Cruz Roja. Perdemos una persona muy entregada y que ha hecho un bien enorme”.