Este martes 2 de abril se conmemoró el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, instancia que busca cada año sensibilizar a la gente respecto a esta condición.
Los trastornos del espectro autista (TEA) en palabras simples, consisten en discapacidades del desarrollo, las cuales se manifiestan en dificultades en la comunicación y en el desarrollo socioemocional, además de patrones de comportamiento y del pensamiento restrictivos.
Sin embargo, el espectro puede manifestarse de otras formas como la hipersensibilidad sensorial (reacción muy intensa a los estímulos) o ecolalia (perturbación del lenguaje que consiste en repetir el enfermo involuntariamente una palabra o frase).
Esta comienza en los primeros años de la infancia. Los niños suelen presentar síntomas de autismo en el primer año, mientras que un número reducido de niños la desarrolla entre los 18 y los 24 meses de edad.
Al igual que su amplia gama de casos, también existe una gran variedad de grados, los cuales pueden llevar a tener una mayor dependencia o independencia de terceros. Dicha medida puede ser leve, donde la mayoría de las personas pueden llevar una vida normal; moderado, personas que requieren el apoyo de su familia y profesiones; y severo, en el cual la persona no puede realizar actividades cotidianas.
Ejemplo de alto funcionamiento
Sobre la primera situación tenemos el caso de Nancy Dittmar, madre de Sebastián, quien actualmente se encuentra estudiando Historia en la Universidad de Magallanes.
“Él no tiene problemas cognitivos para estudiar ninguna cosa, sin embargo, sí tiene problemas relacionales, no sabe cómo abordar el trato con otras personas”, indicó.
En palabras de Dittmar, la infancia de Sebastián fue compleja, teniendo que pasar por tres colegios debido a su condición: “Esa mala experiencia educativa marca y daña a un ser humano. Cuando se esperan muchas cosas de las personas, no puedes pedirle a todos que se comporten de la misma manera”, indicó.
Sin embargo, estas situaciones han ido mejorando con el paso de los años, sobre todo con el desarrollo del Programa de Integración Escolar (PIE), la cual va en apoyo a las personas que tienen esta condición del espectro autista.
Así, desde su experiencia como madre y como trabajadora en educación, puede decir que aún falta mucho por recorrer, “pero para eso está la concientización y la ley TEA. La ley es algo muy nuevo, estamos en la etapa de la educación y de socialización respecto de ésta”.
“Algo muy concreto, por ejemplo, es que una mamá que tiene un hijo menor de edad que tiene en un establecimiento una crisis de regulación puede salir de su trabajo para verlo. Esa mera acción, tú no sabes la tranquilidad que le da a un trabajador”, agregó.
Otro punto que recalcó Nancy es el mejoramiento en el equipo de salud, entendiendo la necesidad de contar con especialista de diversas áreas para abordar el trastorno. “Como muchas cosas de salud mental, ahí creo que estamos al debe como sociedad. Debiesen implementarse políticas públicas más robustas y fuertes que aborden este tipo de situaciones”, cerró.