El
21 de octubre de 1520, desafiando un poderoso viento sur, cuatro naves
españolas al mando de Hernando de Magallanes divisaron el que Cabo
Dungeness, iniciando con ello la histórica exploración del estrecho que
lleva su nombre.
Nadie
lo sabía entonces, pero se había dado el primer paso para la
construcción del futuro Reyno de Chile. Erguido como guardián de aquel
estrecho ante las apetencias de las potencias rivales de Su Majestad
Católica, su papel sería simple y espartano como bien lo sabían los
hombres a cargo de su custodia. “Es la llave de todo el Perú y el Perú
es la bolsa de España, con cuyo poder se defiende la Cristiandad”,
escribió el gobernador de Chile, Alonso de Sotomayor, en 1583.
La
recta provincia cumplió ese papel durante siglos, hasta que en 1810
inició el camino de su independencia bajo el influjo de la Revolución
Francesa.
Pero
ahora, el propósito de la nueva república ya no estaba tan claro, pues
la sociedad, como todo sistema complejo, siempre estará tensionada en su
cohesión, entre otras cosas, por la fuerza contradictoria de sus
propósitos y convicciones. Y en esta difícil tarea de guiar y conducir,
es donde la Constitución juega un papel fundamental al dictar las reglas
fundamentales, bajo las cuales se moverá la sociedad, las cuales
siempre estarán condicionadas por la visión de sus creadores, el
ejercicio de la clase política y la fuerza del escenario internacional,
del que Chile es totalmente dependiente.
El
académico y analista Guillermo Holzmann explica a este respecto: “Las
constituciones en Chile han ido reaccionando a lo que pasa en el mundo.
Muchas veces, no hay mucha conciencia de ello en el debate interno, pero
al mirarlo a la distancia, eso se hace evidente… desde la independencia
hemos sido dependientes de lo que ocurre en el exterior, pues nos
independizamos por ideas provenientes de Inglaterra y Francia, pero
manteniendo la herencia cultural de España y en nuestra historia, cada
Constitución ha ido colapsando cuando no ha podido adecuarse al ambiente
y el sistema internacional en términos de su evolución”.
Los
cambios a la Carta Magna casi siempre han sido trágicos en Chile, nos
cuenta el analista político Rodrigo Prenafeta, quien recuerda la
sucesión de ordenamientos constitucionales “todos ellos fracasados y con
guerras civiles”, que marcaron los primeros años de la República.
Aunque
Chile tiene poco más de 200 años, la segunda década de cada siglo
siempre ha sido un terrible torbellino político. En los albores de la
República, la década de 1820 estuvo marcada por una serie frustrados
ensayos constitucionales… y lo mismo pasaría un siglo después y luego al
siguiente.
1833
Todo
eso tuvo su trágico punto final el 17 de abril de 1830. Los soldados
que antaño lucharon como hermanos de armas en el bando patriota, ahora
se enfrentaron con especial crueldad en las cercanías de Talca, en los
llanos Lircay.
Al
caer la tarde, los conservadores se alzan con la victoria abriendo el
camino para la creación de la Constitución de 1833, la primera que
funcionó, se podría decir, y que resultaría la más longeva pues a pesar
de enormes cambios se extendió hasta 1925.
“Fue la Constitución más estable, con Diego Portales a la cabeza y le
confirió al Presidente de la República un poder casi monárquico, que se
extiende casi hasta ahora. De ahí viene, por ejemplo, el tema del
indulto presidencial que hemos padecido recientemente”, nos dice.
Holzmann
agrega: “es una Constitución netamente liberal, en su versión más pura
en términos que establece la necesidad de ley y orden, expresado en la
figura de Portales. Ahora, para ello, se inspiró en el ideario francés e
inglés y dentro de la lógica cultural de la época, es decir, una
aristocracia que es la que tiene la propiedad y el poder y se establece
un servicio público para servir al pueblo, pero sin voto universal, ni
participación de la mujer”. Todo ello, en un marco cultural definido por
la Iglesia Católica y la herencia colonial española.
El
régimen conservador duró toda una generación hasta ser derrotado en las
urnas en 1861, también tras una sucesión de guerras civiles.
1891
En 1891, estalla una nueva guerra
civil. Holzmann comenta: “Una aristocracia que había estado gobernando
para el pueblo derivó en oligarquía al enamorarse del poder y esa lucha
de poder al interior de la oligarquía deriva en la revolución del 91”.
Aunque
formalmente, la Constitución de 1833 siguió vigente, dio paso a un
nuevo régimen, la República Parlamentaria, donde las atribuciones del
Presidente de la República fueron severamente restringidas y el papel
del Ejecutivo recayó en gran parte en el Parlamento.
El
historiador británico Carl Grimberg escribió en su tan conocida
Historia Universal, que uno de los episodios más extraordinarios de la
historia de América Latina fue la constitución en Chile de un régimen
parlamentario a finales del siglo 19, fruto de la destacada madurez
política de la clase dirigente de nuestro país, afirma. Es un período
que el historiador Alfredo Jocelyn Holt ha destacado como uno de los más
vigorosos de la historia de Chile, gracias a la riqueza del salitre y
el consecuente desarrollo de la infraestructura nacional,
particularmente la ferroviaria que llegaría a enlazar a todo el país,
desde Arica hasta tan al sur como la misma isla de Chiloé.
Otros
en cambio, son más severos. “Era un régimen parlamentario en una
Constitución presidencialista, lo que generó una gran inestabilidad”,
comentó el profesor de Historia Política de la Universidad de
Concepción, Jaime Etchepare.
Prenafeta
comenta que “dio paso a muchas familias políticas que duran hasta hoy y
que va a terminar debido a la decadencia del salitre y el golpe de
Estado impulsado por Ibáñez”.
1925
Llegamos
a la segunda década del siglo 20, tan convulsa políticamente que muchos
la llaman la anarquía, con una breve guerra civil entre Ejército y
Armada, la proclamación de una efímera república socialista y hasta un
movimiento independentista en la cordillera de Los Andes, que acabó con
más de 500 muertos.
Nacerá
entonces la Constitución de 1925. “Se busca entonces una Constitución
que sea orientadora y que pueda definir los conflictos de la época”, nos
dice Holzmann, quien explica que fue hecha igual que las anteriores por
un grupo de abogados y aristócratas. “Siguen sin votar las mujeres, es
necesario saber leer y por ello resulta un padrón electoral bastante reducido”.
Holzmann
explica que la novedad de esta constitución fue la separación formal de
la Iglesia y el Estado. “Se plantea el orden social que se va a querer
en Chile y que sigue los parámetros europeos, tratando de establecer un
equilibrio entre el pensamiento liberal y conservador en lo cultural y
religioso”.
Bajo su amparo, se inicia un proceso de industrialización y, años después, la mujer entrará a la vida política.
“Se
establece que quien dominaba el Estado dominaba el modelo de sociedad.
Con la Guerra Fría, esto va a dar paso a una ideologización que va a
dominar el actuar de la clase política sin que la Constitución pueda
contenerlo ni conducir el debate de la sociedad de una forma
constructiva”.
–
¿Pero eso no sería más culpa de los políticos que de la Constitución?
“Sí, pero esto va a ser como un chicle donde los actores estiraron la
Constitución todo lo que podían. Un ejemplo es que la DC le exigió a
Salvador Allende un Estatuto de Garantías para ratificar su elección
como Presidente de la República, con lo cual implícitamente se reconocía
que la Constitución no era capaz de contener la instalación de un
gobierno marxista”.
Para
Prenafeta, a su vez, la creación de la Constitución de 1925 es muy
importante para entender el actual proceso. “Es lo que más se parece al
proceso actual, pues durante el período anterior hubo varias décadas que
fueron las
de la República Parlamentaria, que es dónde el Congreso domina, donde
hubo crecimiento económico, pero también una sensación de estancamiento y
decadencia, con dependencia del salitre igual como ocurre ahora con el
cobre y el litio si se quiere y, después de eso, se empezó a dar
polarización política, hasta que vino el llamado de Alessandri a hacer
una Constitución y hubo un plebiscito igual que en 2019, que
abrumadoramente apoyó la idea de crear una nueva Constitución.
Posteriormente, hubo otro que dio paso a la Constitución del 25 y todo
eso, en medio de crisis política y económica e intervenciones militares
por parte del general Ibáñez”.
Las
coincidencias no paran ahí, dice Prenafeta, pues también hubo un
llamado a formar una asamblea constituyente, por sectores socialistas y
protocomunistas, pues entonces el PC estaba recién naciendo.
“Se dio una Constitución que estaba mal hecha, se diseñaron mecanismos de control que
nunca se crearon, hubo vacíos que llevaron a una cierta inestabilidad y
empoderamiento del poder político y que se extendió hasta la
Constitución de 1980 y que llevó a un gobierno bastante intervencionista
a lo largo de las décadas siguientes”.
1980
El
acuerdo de garantías no bastó, la polarización se desató y luego
estalló la crisis económica a través de una hiperinflación, todo lo cual
condujo al golpe de estado de 1973.
Surge
entonces la figura de Jaime Guzmán, quien encabeza la creación de la
actual Constitución. Prenafeta dice: “Mantenía mucho el poder del
Presidente, se establecía ciertos derechos a través del Estado, que
fueron modificados a través de los años. Es una Constitución que blinda
el poder del Estado, donde se mantiene la hegemonía del Estado en los
recursos naturales, aunque se establecen ciertas limitaciones en el
sentido que primero tenía que actuar la organización civil y solo
entonces podía actuar el Estado, pues antes el Estado intervenía cuando
quería”.
Ha sufrido modificaciones sistemáticas a lo largo de las últimas décadas, agrega, eliminando los enclaves autoritarios.
Holzmann considera que la Constitución
de 1980 es hija de su tiempo y se define como antimarxista. “Para los
militares esto tiene un sentido doctrinario, pues el marxismo sostiene
que para llegar al comunismo hay que hacer desaparecer el Estado y las
Fuerzas Armadas son del Estado, en consecuencia, es normal que tengan
una tendencia estatista sin ser marxistas”. Agrega que en ella se
colocaron todos los candados posibles para evitar que el marxismo llegue
a Chile, algunos de los cuales como el artículo 8° fueron eliminados en
junio de 1989, antes del inicio de la democracia.
“También
establece la preeminencia del Mercado sobre el Estado bajo una
perspectiva neoliberal, con una fuerte defensa de la propiedad privada.
El artículo 19 que es larguísimo, es el eje de ella. El artículo Primero
está basado en Santo Tomás y por ello, todas las propuestas de aborto terminan siempre en el Tribunal Constitucional”.
El
éxito económico hizo que este modelo se mantuviera tras la llegada de
la democracia, a tal punto que Chile fue considerado como un modelo para
el mundo, por el llamado Consenso de Washington.
2019
Nuevamente, la segunda década de un nuevo siglo vuelve para Chile con su carga de crisis e inestabilidad.
Holzmann
sostiene que el modelo chileno fue reformado en Europa, pero en Chile
eso nunca se quiso hacer, a tal punto que “la izquierda se convirtió en
derecha y la derecha se hizo populista, junto con el fin de las
ideologías”, comenta.
Con
el paso de los años, el crecimiento económico del país se detuvo, la
globalización trajo nuevas ideologías y en medio de un diálogo político
cada vez más mediocre, las expectativas y promesas de desarrollo
empezaron a chocar con la realidad hasta aquel trágico 18 de octubre de
2019.
Holzmann también advierte que “estamos a la mitad de una crisis político institucional que no se ha resuelto”.
Explica
que esta se genera en 2019 “y el detonante no es el estallido social,
sino la marcha del 25 de octubre, multitudinaria, transversal y
pacífica. Un segundo elemento es que Piñera convocó al Consejo de
Seguridad Nacional y no logra ningún acuerdo, o sea la institucionalidad
no era capaz de dar respuesta y es ahí donde surge el acuerdo del
Congreso por la paz social, que considera la idea de cambiar de la
constitución. No importa que tú o yo estemos o no de acuerdo, ellos
consideran que la paz social está asociada a una nueva Constitución”.
Es
una crisis político institucional que no ha sido superada, enfatiza.
“Lo ideal es que la nueva constitución logre generar el espacio político
que permita la convergencia de intereses y con ello se dé por
solucionada la crisis político institucional que vivimos”.
El
gran riesgo, sin embargo, “es que esto se polarice entre quienes
quieren un cambio necesario y los que quieren una refundación”.
El
analista ve con preocupación la soledad del jefe de Estado, la
fragmentación del oficialismo y la oposición y la visibilidad de las
posiciones extremas.
– Se ha dicho que la próxima Constitución sería parecida a la actual. ¿Eso es bueno o malo?
“Es
bueno, porque parte importante de lo que tenemos es coherente con la
evolución que hay a nivel mundial y de la cual Chile es dependiente. Lo
que hay que modificar es la relación entre Estado y Mercado y su
relación con la sociedad. Se requiere de un Estado más eficiente, con
capacidad de regulación y fiscalización, la eficiencia del Estado es
fundamental para que llegue a la gente y un Mercado que no abuse”.
Prenafeta
ve posible que, finalmente, haya un rechazo a la propuesta
constitucional, dadas las grandes diferencias que existen entre los
múltiples sectores políticos y el hecho que, muy
posiblemente, la propuesta que surja sea atacada desde los dos
extremos, al tiempo que quienes la defienden, sean percibidos por
sectores apolíticos y muchos otros, como parte de la élite que ha
gobernado hasta ahora generando gran frustración, comenta.
En
ese caso, sostiene el analista, es muy posible que queden establecidos a
la postre, los llamados bordes constitucionales ya definidos por la
Comisión de Expertos, “aunque esta última no fue elegida por la
ciudadanía, sino por los partidos que están muy deslegitimados”.
El
analista considera que, incluso, si estas normas permanecen no
representarán un avance para el país, pues son en gran parte una
continuación de los principios esenciales de las anteriores
constituciones, aunque con una presencia mayor del Estado y más poder
para los partidos políticos, sin que se vislumbre avances para abordar
temas hasta ahora ignorados por la política y que han tenido graves consecuencias para la población.
Entre estos mencionó que un mayor
poder del Estado irá aparejado con un mayor número de subsidios a las
personas “el cual estas pagan con su propio dinero”, el nulo avance en
materia de regionalización “donde tú ves que lo único que se hace es
crear más cargos, pero todo sigue igual”, la falta de una democracia
directa y más representativa, la preservación del poder político sobre
la justicia, “que tampoco se toca”, lo que
ha afectado a la lucha contra la corrupción, indicó. “Las normas
anticorrupción tampoco van a cambiar sustancialmente y es curioso,
porque somos el país con menos condenados por corrupción en América y no
es porque acá haya menos corrupción, sino porque no pasa nada en ese
sentido”.
Hoy, un nuevo proceso constituyente vive un nuevo hito con la elección de los miembros del Consejo Constitucional.
Ambos analistas coinciden en que estamos a la mitad de una crisis que, esperemos, de paso, como en el pasado, a un instrumento que sea eficaz para enfrentar los desafíos de un nuevo siglo que se avizora tan sorprendente como desafiante.