Es un problema viejo para los numerosos automovilistas y los escasos peatones que deben cruzar esa esquina.
Es que el hoyo que existe en Rómulo Correa con Avenida Bulnes comenzó pequeño, hace ya más de un año, y con el tráfico vehicular, la lluvia, la escarcha y la nieve del invierno pasado, se ensanchó de tal manera que ahora es una “tremenda zanja”.
Este daño en la calzada, la cruza de vereda a vereda y despierta la ira de todos quienes provienen del sector norponiente de Punta Arenas y se dirigen al centro de la ciudad desde los edificios cercanos, de las poblaciones Selknam uno y dos; Villa Los Españoles, Villa Alfredo Lorca y otros conjunto residenciales cercanos.
Hace poco tiempo, manos generosas, solidarias y desconocidas, en un acto de responsabilidad social, cubrieron el hoyo – zanja con material pedregoso liviano.
Apenas duró un par de días y hasta hoy presenta una profundidad de unos diez centímetros, lo que es mucho para un bache citadino y permanece como una trampa para automovilistas descuidados o que se olvidan de que el “hoyo – zanja” aún no es reparado.
Es tanto así, que los cortejos funerarios debieron alterar la ruta que tomaban rumbo al cementerio municipal, que venían desde el sur, por avenida España, y aquellos que deben ir por Rómulo Correa, desde el sector norte, deben ser extremadamente cuidadosos cuando el carro mortuorio y los acompañantes deben llegar a la esquina con el pavimento seriamente dañado.
La comunidad espera que con parte de los fondos de libre disposición que están en manos del Serviu dentro del programa de reparación de calzadas, sea destinado a la reparación de este enorme hoyo – zanja.
Lo maravilloso de los milagros es que a veces se producen y en esta ocasión, en dirección al camposanto municipal de Punta Arenas.