Para
muchos hablar de muerte, sepulturas y cementerios es un tema que se
omite al interior de muchos hogares. Sin embargo, en Magallanes algunas
tradiciones permenecen con el paso del tiempo; entre ellas, se destaca
la caravana a pie en la despedida de algún ser querido: desde el lugar
de su velatorio (ya sea casa, iglesia o sede social) hasta el mismo
camposanto.
Este
rito, bien lo recuerda César Gallardo, administrador del Cementerio
Municipal de Punta Arenas, quien comentó que “el funeral se realiza
caminando sin importar la dirección, independiente si el difunto fuese
del sector norte o sur de la ciudad y sin importar el tiempo, ya fuese
con viento, lluvia o nieve”, recordó.
Si
bien con el paso del tiempo esta actividad ha cambiado, ya que los
servicios religiosos se han desarrollado en recintos más cercanos a los
cementerios, ya sea en la Iglesia Don Bosco, en la Parroquia Cristo
Obrero, o en la emblemática Catedral; luego, el cortejo camina por calle
Bulnes hasta la puerta del cementerio.
Desde 2002, el camposanto puntarenense ofrece el
servicio de cremaciones. Al respecto, Gallardo comentó que “en un
comienzo, teníamos cerca de una cremación al mes. En la actualidad,
hacemos entre 20 y 30 cremaciones, que consta en cadáveres que llegan
por un funeral y los que tenemos al interior del cementerio”, manifestó.
Dicho
servicio tiene un costo de 17 Unidades Tributarias Mensuales (UTM)
cerca de $1.060.000 para recién fallecidos, y el monto disminuye en un
40% para cadáveres que llevan tiempo sepultados.
Sin
embargo, dicho servicio (implementado el año pasado) se puede contratar
en vida. Según nos comentó Gallardo, hay personas que determinan que su
cuerpo sea incinerado y esto tiene un valor de 12 UTM ($748.296). Un
detalle, para realizar este trámite es necesario acudir al Cementerio y
rellenar el formulario denominado “Manifestación de última voluntad” el
que debe ser formalizado ante una Notaría.
Por
su parte, José Hernández, trabajador de la Funeraria Andana y que se ha
desempeñado por 20 años desarrollando servicios funerarios, comentó que
en la actualidad la función de este tipo de empresas ha cambiado,
argumentando que “la gente entra a una funeraria con otra disposición.
Para mí, el hospital, en el Servicio Médico Legal y aquí, el trato a los
familiares es diferente, hoy es más empático; aquí guiamos a las
personas a realizar correctamente los trámites que deben hacer”.
En
relación a las ceremonias, esto no ha cambiado mucho. Sin embargo, en
la actualidad no en todos los servicios funerarios se realizan los
oficios religiosos (ya sean católicos o evangélicos) en cambio, los no
creyentes van directo al cementerio a la sepultura.
Si
hablamos de leyendas en nuestra zona, el indicado para contarnos
algunas de ellas, es el historiador magallánico Mario Moreno, quien
revivió a Natalio Graguic: “Cuando fallecía una persona, sus familiares
esperaban su visita, era un infaltable de los velorios. Usaba zapatillas
de goma, vestía un abrigo largo y en su cabeza una gorra tipo jockey.
Era todo un personaje. Acompañaba al fallecido, sentándose cerca de la
urna como un integrante más de los deudos. Durante su permanencia en el
velatorio, recibía café y, de vez en cuando algún vasito de licor para
pasar las penas”, recordó.
“El
día del funeral, también se hacía presente y caminaba junto a la
carroza, adelantándose al cura y sus acólitos o bien caminaba muy junto a
la carroza. Se adecuaba a las circunstancias, ya que, si se trataba de
un uniformado de las Fuerzas Armadas o Bomberos, se ubicaba en la fila y
rendía los honores al occiso con mano en visera. Al detenerse el
séquito, ayudaba a bajar el ataúd y acompañaba al occiso hasta su
sepultura y, con su cabeza inclinada, muchas veces vertió una lágrima
junto a los deudos”, recordó el Ciudadano Ilustre de Punta Arenas.