Son
casi las seis de la tarde y Gabriela Garay se prepara para iniciar su
turno como taxista nocturna. Llegó hace poco a la central de Radio Taxis
Milodón ubicada en el sector sur, donde espera que llegue un colega con
el auto que deberá limpiar antes de poder usarlo.
Sabe
que tiene cuatro horas para poder transportar gente antes que empiece
el toque de queda, en donde las cosas se ponen complejas entre las nueve
y las diez de la noche, transformándose en su nueva hora peak de
pasajeros. “La verdad es que no damos abasto durante esas horas. Es toda
la gente que necesita llegar a su casa antes de las diez, pero a veces
colapsamos con todos los pedidos”, explica.
Ella
trabaja aquí desde hace tres años y durante esta crisis sanitaria a
visto cómo sus viajes nocturnos han bajado cerca de un 70 por ciento.
Aunque después de iniciado el toque de queda aún llegan llamados de
personas que van a sus trabajos en el hospital o en algunas pesqueras.
Su principal fuente de ingresos ha tenido que llegar por otro lado: el
transporte de productos como cigarros, el delivery de comida y alguno
que otro cargador de teléfono que tiene que llegar de una casa a otra.
Desde su trabajo afirman que antes no realizaban este servicio, pero
ahora éste significa un 15 por ciento de sus ingresos de los viajes
durante el toque de queda.
Otra
cosa que ha causado un impacto en Gabriela, es observar el nulo
movimiento durante la noche especialmente durante los fines de semana,
cosa que antes era muy distinto. “Las calles están vacías, es algo que a
una igual me choca verlo. Y nosotros no podemos subir a cualquier
persona ahora que esté en la calle, porque no sabemos si tiene su
salvoconducto o no. Nosotros tenemos que recibir un llamado de la
oficina, ya que ellos se aseguran que las personas tengan este
documento”, asegura ella.
Otro
que trabaja igual que Gabriela es Claudio Cid. Él llegó hace dos años a
Punta Arenas, y hasta hace un mes trabajaba manejando un colectivo.
Ahora se dedica a trasladar pedidos u objetos más que personas. “Durante
este tiempo he visto de todo. Una de las cosas que más me ha llamado la
atención es ver que a las dos o tres de la mañana me pidan un paquete
de cigarros. Y uno como buen taxista sabe que los servicentros abren
toda la noche y ahí tengo que ir a comprarlos y dejarlos”, dice Cid.
Al igual que su compañera, para Claudio también
ha sido desconcertante ver las calles sin personas durante las noches.
“Uno estaba acostumbrado a ver cómo la gente se cambiaba de local a
local y se subían buscando un lugar donde hubiera vida. Y así uno andaba
toda la noche. Ahora uno sabe que las personas que están en las calles a
esa hora andan en malos pasos o escapando de algo y ya no puedo
subirlos, porque es un riesgo para nosotros”, afirma.
Ahora
los pasajeros que lleva a su taxi son usualmente trabajadores del
hospital o de alguna pesquera. “La gran mayoría que se suben son de esos
lugares y alguno que otro guardia de seguridad que no quiere usar el
transporte de su personal. Porque eso implica andar con 10 personas más
apretadas y prefiere pagar su propio vehículo para andar mas seguro”,
sentencia el taxista.