La
noche del domingo 19 de noviembre será recordada en la Democracia
Cristiana nacional y regional como la noche en que constataron que el
quiebre que se avizoraba desde muchos meses antes de la elección se
hacía evidente y se reflejaba en la votación.
Partiendo
por la senadora magallánica Carolina Goic, presidenta nacional de la
DC, cuya campaña presidencial nunca prendió ni logró sintonizar con las
demandas de la gente, lo que finalmente se tradujo en un escaso 5,88 por
ciento de la votación, la peor cifra lograda por un aspirante de ese
partido a La Moneda, porcentaje que siempre se reflejó en todas las
encuestas que la propia parlamentaria se encargó de ningunear una y otra
vez, subrayando que “la verdadera encuesta será el día de la elección”.
Ese
día llegó y en la región un poco más de siete mil personas creyeron en
su proyecto, con un 11,71% del total, un porcentaje muy por debajo de lo
que usualmente marca el falangismo en Magallanes.
Autodestrucción
Con
hidalguía y porque no había muchas más alternativas, Goic renunció ante
el Consejo Nacional democratacristiano y reiteró lo que desde hace
mucho rato era más que evidente, “hemos sido castigados por nuestra
propia falta de unidad interna. Como partido debemos hacernos una fuerte
autocrítica, porque estamos en un proceso que, de no modificarse, nos
llevará a la autodestrucción, un proceso donde no habrá ganador, aunque
algunos puedan sentir que han ganado una pequeña batalla”.
Apoyo en Twitter
En
medio de la severa crisis política por la debacle electoral y
aprovechando los 140 caracteres que permite Twitter, el intendente de
Santiago, Claudio Orrego, quien también fue candidato presidencial de la
DC en algún momento, manifestó que “@carolinagoic fue digna y
consecuente de principio a fin. Lamentablemente no pueden decir lo mismo
los que no movieron un dedo por su candidatura, y peor aún, abierta o
encubiertamente trabajaron por otros candidatos!”.
Su
tuiteo fue refrendado de inmediato por alguien del círculo de hierro de
la senadora, el concejal de Punta Arenas Germán Flores, quien escribió:
“Camarada, son los mismos que traicionaron a Frei y luego a usted.
Ellos no quieren liderazgos, quieren poder para luego repartir cargos”.
La desunión regional
Sobre
esa base, la autoprofecía se cumplió y la tormenta perfecta destruyó
todo lo que encontró a su paso. Entre otros, a los candidatos
magallánicos al Congreso: Juan Morano, quien iba por la reelección;
Eugenia Mancilla, presidenta regional del partido, y Carlos Mandriaza,
quienes cosecharon 3.716 sufragios, 3.262 y 329, respectivamente,
insuficientes para pensar en mantenerse en el Congreso -caso de Morano- o
en llegar a él.
Entre los tres lograron 7.307, muy inferior a los 10.760 que Morano captó en 2013 yendo sólo como representante de la DC.
El
vicepresidente regional de la falange, Edmundo Leiva, quien asumió la
subrogancia de la presidencia regional del partido mientras la titular
hacía campaña, se limitó a señalar que “esperábamos tener un mejor
resultado a nivel local”.
Emblemáticos
militantes del falangismo magallánico señalan que “Leiva no supo guiar
al partido en su subrogancia y creyó que la victoria electoral se
lograba a través de redes sociales”. Lo concreto es que nunca antes se
había visto tan a la deriva a la directiva de la DC, que nunca logró la
unión en momentos difíciles. Y de eso, dicen muchos, “Leiva deberá dar
explicaciones”.
Menos bajas
Un
tercer frente democratacristiano dañado fue el Consejo Regional (CORE),
aunque con menos bajas, pero sí con una pérdida considerable de
votación. Por ejemplo, el consejero Miguel Sierpe fue reelecto, pero con
594 votos menos que en 2013. Asimismo, uno que salió incólume,
Tolentino Soto, quien continuará representando a Última Esperanza y
obtuvo la segunda mayoría con el 24% de las preferencias.
Por
último, y sin poder contar lo mismo que sus camaradas, Nicolás Gálvez
unió su destino al naufragio de su partido y no logró mantenerse en el
CORE. Los 1.402 sufragios que consiguió fueron insuficientes. En el
camino perdió a 925 electores que sí lo apoyaron hace cuatro años.