El drama que viven los antiguos garzones de Punta Arenas

Son casi las cinco de la tarde y Arturo Saldivia (50) camina de un lado a otro en su casa, donde vive con su madre de 75 años.

Desde
marzo que solamente sale para realizar compras esenciales en almacenes
de barrio, ya que no se arriesga a ir a un supermercado. El 15 de ese
mes fue el último día que trabajó como garzón en “Jekus”, un oficio que
ejerce desde hace 30 años. Sin embargo, la pandemia lo ha obligado a
vivir de su seguro de cesantía y de los ahorros de toda su vida. Y para
él, esta ha sido la peor crisis que ha azotado a la región. “Durante los
últimos 20 años nosotros los garzones, nos hemos visto muy beneficiados
de todo el turismo que visita la región. Y haciendo memoria, esta debe
ser la peor crisis que hemos vivido desde 1987, donde el desempleo
llegaba a un 20 por ciento. Pero esta pandemia también ha puesto en
evidencia las precarias condiciones de nuestro oficio, donde nuestro
sueldo base no es mucho y nuestra fuente principal de ingresos son las
propinas que recibimos”, explica Saldivia.

En
estos cinco meses de encierro, él ha podido reflexionar sobre el actuar
de las autoridades en esta pandemia, que según su opinión, no han
estado a la altura de la situación. “El gran problema no es la
exposición de la población a los lugares de contagio, sino que las
autoridades no ha podido establecer bien cuáles son los servicios
esenciales y cuáles no. Y es por eso que hemos visto muchas empresas que
han seguido funcionando con malas condiciones para sus trabajadores,
que son finalmente las que han provocado un aumento de casos”, afirma
Saldivia.

Pero
también ha pensado en su sueño de independizarse, el cual estaba cerca
de lograr gracias a sus ahorros, pero que la pandemia ha provocado que
se retrase. “En estos 30 años siempre he podido ahorrar para en un
futuro poder armar un proyecto propio. Pero con el seguro de cesantía no
me alcanza y tenido que echar mano a mis ahorros para poder seguir
viviendo”, se lamenta.

 

La reinvención

Fabián
Valderrama (41) tenía el mismo sueño de Arturo de poder independizarse y
poner su propio negocio. Él trabajaba como garzón desde 1995 y en
diciembre decidió retirarse mientras trabajaba en local “Sotito´s”. Y en
enero abrió una banquetería “Milenkisima” con dos socios más, aunque no
alcanzaron a trabajar mucho. “Estábamos armando varios eventos con
cruceros y empresas y en marzo esta pandemia nos azotó. Y después de un
mes y medio donde yo estaba vendiendo papas y harina, decidimos
reunirnos para darle un giro al negocio y transformarlo en un servicio
de delivery de comida”, señala él.

Mientras
trabaja en un despacho, Valderrama anticipa cómo será el futuro para
los garzones de la región. “Lo veo bastante complicado porque el turismo
va a disminuir mucho porque no va haber cruceros, y además van a
existir muchas medidas de resguardo para los restoranes y el servicio va
a ser muy distinto a como lo conocemos”, anticipa Valderrama.

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