El doctor Ramón Lobos lo sabe muy bien porque es la cabeza de un
equipo de profesionales y funcionarios que han asumido la tarea de estar cerca
de esos adultos mayores y hacerla bien, especialmente, en Navidad.
“Hay casos que son el resultado de familias rotas. De afectos ausentes.
De despedidas que no alcanzaron a darse. De olvidos. De ausencias. De preguntas
que casi no tienen respuestas. De ¿Por qué no viene tal persona? Y ¿esta otra?”
dijo el doctor Lobos.
Y explica que hay que asumir una tarea especial porque las vidas
continúan y, en el ocaso de las vidas de esos adultos mayores, el estado –
fisco – gobierno les ha hecho justicia, les ha otorgado techo, abrigo,
alimentación y servicios médicos. Les ha entregado una vida digna y tendrán una
partida digna también.
“Si servimos, por alguna celebración interna, un trozo de torta, todos
comen de esa torta, incluso los diabéticos, aunque el trozo sea más pequeño. Un
desarreglo, aunque sea pequeño, hará sentir sus efectos dentro de unos años y,
a lo mejor, para entonces, esos adultos mayores tal vez ya no estén y no vamos
a privarlos de ese pequeño placer que podemos corregir en el curso de una
semana, con ajustes en la dieta”, afirmó el geriatra.
Historias
Dentro del Eleam se guardan muchas historias, con alegrías, penas,
adioses y recuerdos de dulce y de agraz.
Como la de Clodomiro, quien fue recordado por un grupo de fareros que
reconoció que su permanencia en el ranchito de pescadores de Punta Dungenes que
utilizaba demostró que ese sector era chileno y modificó la frontera a favor de
nuestro país.
O la de María. O la de Olga, quien a sus 99 y 88 años, respectivamente
aún tienen mucho que contar.
O la de José Catrín, quien vivió largos años a orillas del Canal
Beagle, en otro ranchito de pescadores y, hubo que advertirle al Senama, que él
era feliz durmiendo sobre una colchoneta, como allá en el ranchito y que
rechaza, aún hoy, una cama con sábanas, frazadas y almohadas.
O la del periodista, animador, locutor radial Jorge Antonio Silva,
cuya trayectoria le hizo merecedor de diversas distinciones, incluso una que lo
distingue como “El Mejor Periodista”, orgullo para todos los natalinos.
O la de Sergio y de Luisa, su esposa, ambos residentes en el Eleam.
Son cuarenta historias de otras tantas vidas y miles de vivencia,
recuerdos, presencias, ausencias, penas, alegrías: son cuarenta decenas de
vidas.
Celebración
El Sindicato de Funcionarios del Eleam organizó una fiesta navideña
para los adultos mayores que ellos atienden, “con Tucanazo, incluido”, dijo el
doctor Lobos, y lo pasaron muy bien.
Desde el jueves, “hay rancho mejorado”, es decir, entrada, sopa, plato
de fondo y postre”, dijo uno de los residentes, tanto al almuerzo como en la
cena.
El día de Navidad se comparte un asado de cordero con papas y
ensaladas para aquellos que puedan comer; si no, pollo; con hueso y sin huesos,
para los que puedan y los que no.
Por la tarde, descanso. Por la tarde-noche, cena y después, quienes lo
deseen, compartir el televisor o hacerlo en sus habitaciones.
Y esperar que las visitas se marchen y, un poco más tarde, que lleguen
todos aquellos que salieron con sus familias.
Para los 40 residentes y los 56 funcionarios no ha sido un día o dos
días más: ha sido una Navidad singular y especial.