Marcel
Alexander Velásquez Sayago es un biólogo marino venezolano, de 32 años,
que pasó de estar a 30 grados en la Isla Margarita, en Venezuela, a -15
grados de sensación térmica en el Círculo Polar Antártico, como
integrante de la Expedición Científica Antártica N° 55, organizada por
el Instituto Antártico Chileno (Inach), a bordo del buque de la Armada
“Marinero Fuentealba”.
En
2012, la vida del venezolano, graduado en la Universidad de Oriente,
núcleo Nueva Esparta, dio un giro de 180° cuando se vio obligado a
postular a una beca en el extranjero, ya que pudo intuir que en su país
natal “las cosas se estaban poniendo difíciles”.
Ese
mismo año, Velásquez llegó al Instituto Smithsonian de los Estados
Unidos, con sede en Panamá, para presentar su proyecto de “moluscos que
perforaban la madera”, beca que solo duró seis meses, luego de lo cual
el caribeño le mostró su proyecto a Mark Siddall, curador de la
colección de los moluscos anélidos del Museo Americano de Historia
Natural de Nueva York, y pudo trabajar varios meses a su lado.
Europa
Ganando
concursos, proyectos y becas, el venezolano llegó a Francia, donde
estuvo la mayor parte de su tiempo trabajando junto a un equipo de
investigación de biodiversidad sistemática y evolución (análisis
moleculares, estudiando la razón evolutiva de diferentes grupos,
principalmente moluscos). “Al finalizar ese proyecto, el reconocido
investigador francés Philippe Bouchet, investigador del Museo Nacional
de Historia Natural de Francia, me invitó a ser parte del proyecto “La
Planète Revisitée” (La Revisión del Planeta), proyecto que es financiado
por la Fundación Total y por el Príncipe Alberto II de Mónaco. Eso fue
toda una experiencia, porque ese mismo año (2012), estuve en Nueva
Guinea por tres meses. Allí trabajé de buzo y como investigador, porque
hacía identificación de especies”, comentó Velásquez.
Cuenta
el margariteño que en su retorno a París se dio cuenta de que
necesitaba continuar con sus estudios, y tomó la decisión de postular al
programa del Museo de Historia Natural de la Universidad de París IV
París-Sorbonne. “Después de ahí quise seguir complementando mis estudios
y llegué a la Universidad de Magallanes (UMAG), donde abrieron el
doctorado en Ciencias Antárticas, presenté mis tesis de maestría en
Francia y cuando finalicé me vine directo a Punta Arenas”, explicó
Velásquez.
Viaje a la Antártica
En
sus cuatro días en el Círculo Polar Antártico, el venezolano comentó
que la temperatura más baja estuvo en -3°C (-15°C de sensación térmica) y
en la mayoría de las inmersiones salían con las etapas de los
reguladores congelados. “Hay que tener una buena condición física para
sumergirse en estas aguas, porque en Margarita uno se puede meter con lo
que tengas, pero aquí hay que vestirse con traje, además tienes las
botellas de oxígeno y un montón de accesorios y todo eso hace un buen
peso. Es toda una odisea estar a 10 metros debajo del agua en el Círculo
Polar Antártico”.
Proyectos
Una de las investigaciones en la que participó el caribeño se titula “Enfoque genómicos, fisiológicos y ecológicos
para examinar las respuestas de las macroalgas a los cambios climáticos
y el derretimiento glaciar”, del Fondo Nacional de Desarrollo
Científico y Tecnológico, e “Impactos del cambio climático y el
derretimiento de los glaciares en comunidades de algas antárticas”, del
Inach, ambos dirigidos por el profesor Andrés Mansilla, vicerrector de
Investigación y Postgrado de la UMAG. “Lo que se estaba haciendo en la
Antártica era tratar de recolectar las muestras que íbamos a trabajar en
los proyectos (fisiología, genética, biodiversidad, especies) y sacar
fotografías submarinas para determinar la diversidad de especies que
había en los diferentes lugares en que estuvimos. Mucha gente se
preguntará por qué las algas no son tan vistosas, pero lo que pasa es
que ellas, en este lado del mundo, cumplen la misma que función que los
corales en el trópico, son bioingenieros que sustentan a un grupo de
comunidades y organismos que están asociados a las algas. Además, ellas
producen el oxígeno que se consume, y utilizan el dióxido de carbono
para el proceso de fotosíntesis y el dióxido de carbono es un gas de
efecto invernadero”, cerró Marcel Velásquez.
Jesús Nieves