Emotivo y masivo adiós a la “última pionera” del Barrio 18

Elba del Carmen Haro Aguilar llegó muy pequeña a vivir, junto a sus padres y hermanos, a uno de los primeros diez sitios de las primigenias cuatro calles del llamado “casco histórico” del Barrio 18 de Septiembre, allá por el año 1954.
“Entonces – recuerda una de sus hijas, Hilda – los terrenos los entregaban los regidores, como Ernesto Guajardo y Felicia Barría y sobre uno de ellos, fuimos construyendo nuestra casita, de a poquito, pieza por pieza, con harto trabajo, pero con mucho cariño”.
En aquellos años, ese sector de Punta Arenas “era una mera pampa, lleno de matas de calafate y no teníamos nada”, es decir, ni luz ni agua potable ni alcantarillado ni gas, añadió Hilda, una de sus seis hijas e hijos “y Punta Arenas llegaba sólo hasta la calle Zenteno”.
Como pionera de esos años, era la última que quedaba con vida, porque las demás ya fueron acogidas por Dios y “mi madre dejó atrás una linda y larga familia, con seis hijos e hijas; catorce nietos; 24 bisnietos y tres tataranietos, cuyas edades fluctúan entre los 54 años, el nieto mayor, y apenas tres meses el menor de sus descendientes.
“Con mi madre, vendíamos carbón de la mina “Loreto”: yo fui la primera mujer que manejó un camión y mi madre era quien ayudaba con los sacos, con la pala, entre muchas tareas que cumplió para crecer a la familia. Pero también se dio el tiempo para ayudar a las demás personas, en las tareas de ir mejorando el barrio, de levantar los edificios de la posta, la escuela, la parroquia y darle siempre una mano desinteresada a los demás”, afirmó Hilda, quien, a su vez, tiene su propia historia como transportista, taxista por 25 años en la Zona Franca.
En la larga familia de la pionera fallecida se pueden encontrar dueñas de casa, pintores desabolladores, transportistas  y preparadora de caballos y jocketas, “todos gente de bien y de trabajo” que apenas mereció un par de líneas en un reciente libro que cuenta la historia del populoso Barrio 18 de Septiembre, lo que, en opinión de muchas personas cometió varias omisiones lamentables.
El funeral de Elba del Carmen Haro Aguilar se realizó en la tarde de ayer, después de un oficio religioso oficiado en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en medio del dolor, del pesar y el recuerdo de sus familiares, amigos, vecinos y de quienes la conocieron en sus múltiples actividades, entre las que destacó haber sido, por largos años, “en los buenos tiempos”, concesionaria del casino de la Sociedad Rural de Magallanes, donde fue llamada “La Lamy” y sus milcaos y otras creaciones con base chilota, hicieron la delicia de muchos aficionados a la hípica.
“Siempre le dimos cariño, la respetamos, la cuidamos, nunca la dejamos sola y eso nos tranquiliza en su partida – dijo Hilda – porque nunca le levantamos la voz y nos alegraba la vida con su forma de ser, con su lucidez a los 99 años, aunque tenía mucho más de cien porque a veces recordaba el Registro Civil de Castro, allá en Chiloé”.

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