Empleados públicos con discapacidad: “Si hay un incendio ojalá que nos toque libre”

Carlos
Hernández y Luis Muñoz llegaron al Gobierno Regional (GORE) de
Magallanes en el año 1996. Uno con 36 y el otro con 31 años,
coincidieron en el Departamento de Gestión Financiera. Son contadores
auditores de la UMAG y ambos con diferentes tipos de discapacidad, que
los condiciona al momento de desenvolverse por la ciudad, ya que deben
moverse con muletas.

Una situación similar a la de muchos habitantes de
Punta Arenas, ya que se estima que unas 30 mil personas viven con algún
tipo de discapacidad en la zona. Pero en el caso particular de ellos,
los une sus funciones en la institución pública.

“No
nos conocíamos antes. Entramos cuando estaba Ricardo Salles en la
Intendencia, el abrió las puertas para que gente con discapacidad
ingresara al Gobierno Regional. Fuimos los primeros, antes no había”,
relata Carlos Hernández, el mayor de los dos.

“Acá
ha sido excelente la recepción, somos dos profesionales más, uno pasa
colado. Somos uno más del equipo y no necesitamos una atención
extra”, agrega Luis Muñoz.

Hasta
ahí todo bien. Sin embargo, al momento de empezar a hablar del cómo los
trata la ciudad, y en especial el edificio donde trabajan, el tono del
relato cambia.

“Este
edificio no está muy bueno. Acá no había conciencia hacia las personas
con discapacidad cuando fue creado el edificio. Si tú te das cuenta, en
el frontis del edificio hay un acceso para personas con silla de ruedas,
pero ese acceso es súper complicado. Una persona con silla de ruedas,
si es que puede pasar por ahí, lo haría con mucha dificultad, después no
puede entrar igual, porque hay dos peldaños a la entrada”, manifestó
Hernández.

“Nosotros
entramos por la puerta trasera incluso. Esa es una entrada de una
escalera, tiene ocho peldaños, pero que al menos tiene pasamanos.
Adelante no lo tiene. Incluso para nosotros, ahora que es invierno, con
la nieve y la escarcha, hay que andar con cuidado, pero te sacas la
crest
a igual”, agregó.

Ciudad no amigable

Ambos funcionarios son claros al momento de describir cómo los trata Punta Arenas a la hora de desenvolverse
en el día a día. Contrario a lo que manifestó hace unas semanas el
alcalde Claudio Radonich, quien señaló que “Punta Arenas es una ciudad
amigable para la gente con discapacidad”, ambos empleados describen a la
capital regional como un lugar difícil para la gente en su condición.

“Los
edificios nuevos son amigables hasta cierto punto. Algunos tienen
accesos para personas con discapacidad, el mall por ejemplo. Pero si
vemos los edificios antiguos, no son para nada amigables. La mayoría
tienen accesos con tres o cuatro peldaños, y te complica. Acá mismo, las
baldosas de la entrada, cuando tienen agua, son muy resbalosas”,
sentenció Luis Muñoz.

Una realidad que, al menos desde el punto de vista de su trabajo, ya
no esperan que cambie. “Saldría muy caro arreglar esto. Nos quedan
pocos años para jubilar y para nosotros ya no es una esperanza”,
reflexionan.

Sin
embargo, a la hora de pensar en una posible emergencia, la cosa cambia,
ya que una posible evacuación, salvo por la ayuda de sus compañeros, se
les hace inviable.

“El
ascensor para nosotros es primordial. En caso de incendio, ni pregunten
cómo lo vamos a hacer, porque bajar por la escalera de emergencia para
nosotros es imposible. Una vez hicimos un simulacro de incendio, y nos
llevaban en brazo. Ojalá que nos toque libre ese día, porque no
podríamos escapar”, cierran.

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