La octava versión del Congreso Southern Connection que se realiza durante esta semana en Punta Arenas, ha permitido que llegue gran cantidad de personalidades del ámbito científico hasta nuestra ciudad. Son cerca de 300 investigadores de 20 países, que lideran áreas del conocimiento en materia ambiental.
Es el caso de Thomas Veblen, reconocido investigador estadounidense quien, desde hace un largo tiempo, ha estudiado la historia de incendios en gran parte de la zona de la Patagonia, principalmente, del sector argentino, pero incluyendo sectores de Chile. Sobre la base de lo que él llama “cicatrices de incendios”, ha estudiado árboles ubicados en sectores entre los 37 grados latitud sur hasta Magallanes.
La premisa básica de sus investigaciones está en la fuerte relación entre variación climática y fuego. Si bien esto no es ninguna sorpresa, afirma que los estudios hechos por climatólogos han demostrado que, en especial, entre la latitud 27 y 48, la cantidad de precipitación anual ha bajado, significativamente, en los últimos 50 años, lo cual está muy relacionado con factores como la oscilación antártica (una indicación de la fuerza de los vientos que viene del oeste), el agujero de ozono y los gases combustibles. Este aumento de temperatura y disminución de precipitaciones explicaría el aumento de incendios en Puerto Montt, la Araucanía y el lado argentino ubicado en el Parque Nacional Nahuelhualpi y la zona de Bariloche.
Torres del Paine: en permanente riesgo
“Si bien se sabe que en estos casos la fuente de emisión es el ser humano, el factor más predominante siempre es la condición climática”, dice Thomas Veblen, al referirse a los incendios que ha sufrido el Parque Nacional Torres del Paine. “Porque sin tener las condiciones necesarias para el fuego, es imposible que esto ocurriese”, agregó, “y esto hace más probable que veamos más incendios forestales en toda la zona patagónica”.
Coinciden con este lamentable vaticinio los investigadores que también participan en el encuentro mundial de esta semana, como Thomas Kitzberger, de la Universidad Nacional de Comahue, Argentina, y Mauro González, de la Universidad Austral de Chile. Ambos integran el equipo del Dr. Veblen, y han desarrollado su campo de investigación en la “ecología del fuego”, utilizando una metodología que estudia los incendios del pasado a través de los anillos de los árboles, y el comportamiento presente mediante métodos geográficos de mapeos.
“Obviamente, que el clima es una componente importantísima en determinar la ocurrencia de incendios, porque es el factor que contribuye a que los combustibles se sequen. Los materiales vegetales se secan con el clima y, bajo un cierto límite, comienza a ser combustible cualquier material vegetal”, argumento con el cual explica Kisperger que, durante un año de sequía, los incendios puede ser de mayor magnitud.
Si bien reconoce que, hasta cierto punto, las acciones de prevención son favorables, en un clima muy seco o cálido es difícil que el hombre pueda frenar un comportamiento extremo del fuego como el que ocurrió en Torres del Paine. “El ataque temprano al fuego es clave, y tienen que existir sistemas de detección muy eficientes y muy rápidos, así como toda la infraestructura debiera estar en el lugar, que es lo que muchas veces no pasa, pues se encuentran en otras partes menos donde se necesita”.
Mauro González, en tanto, afirma que la causa de los incendios en el Paine ha estado permanentemente vinculada a la acción de los turistas, por lo que las medidas de prevención deben ser acompañadas de infraestructura. “Tiene que haber mayor personal, guarda parques en terreno, una mayor coordinación y también equipo de tecnología para poder detectarlo a tiempo, porque la detección es vital para poder controlar el foco”, dice González. “Tiene que haber una planificación anual para la contingencia de prevenir y educación, no solo a los equipos de prevención, sino también a los turistas”, sentenció.
¿Y después de los incendios?
El equipo de investigadores suma a sus estudios y a su análisis, la importancia de la regeneración arbórea tras los incendios. Para ello, dicen, se requieren condiciones para un rebrote adecuado. En el caso de Magallanes, hay dos importantes obstáculos, en especial, cuando se trata de la regeneración de la lenga, como son la existencia de un clima más cálido y seco, y la acción de los animales. “Por ejemplo, los guanacos que comen los bosques de lenga son un problema. Obviamente, los caballos y vacas también, pero más complicado los guanacos, porque es una especie nativa que hay que conservar”, declara González.
Dado que este encuentro científico reúne a los estudiosos del medioambiente en el hemisferio sur del planeta, son inevitables las comparaciones. Según ellos, en el lado sur cuesta mucho más que se regeneren los bosques, lo que obliga a centrarse en la prevención.