“Hay entre un 7 y 10% de escolares que hará del juego algo perjudicial con características a la adicción”

La adicción a los videojuegos es más común de lo que muchos padres y madres consideran. Los “premios” para muchos de los escolares se han convertido en la compra de consolas o cuentas para jugar online.

Aunque no tenga nada malo, según un estudio de entre la Universidad la Facultad de Educación de la Universidad de Los Andes y Convivencia Digital, arrojó que al 72% de los niños que juega videojuegos después de las 9 de la noche les afecta al dormir.

Para la neuróloga infantil del Centro de Rehabilitación, doctora Kay Gitterman, la mayoría de los niños que juega en internet, lo hace con fines recreativos, pero dice que hay entre un 7 o 10 por ciento que tendrá un uso perjudicial de la tecnologías con características a la adicción, denominado Internet Gaming Disorder (IGD), Trastorno por Juegos en Internet, en español.

“El mecanismo neurobiológico del IGD, es que los videojuegos generan un sistema de premios a medida que avanza el juego, esto activa zonas cerebrales mesolímbicas que aumentan la dopamina, generando una sensación de placer y motivación por seguir jugando. Este fenómeno, es más intenso en los niños, ya que la zona cerebral prefrontal que controla los impulsos y ayuda a la regulación emocional aún está inmadura, lo que los vuelve vulnerables a la adicción a los videojuegos”, explica la doctora Gitterman.

La especialista agrega que los niños que presentan IDG tienen mayor riesgo de complicaciones de trastorno de déficit atencional, trastorno de ánimo, trastorno de sueño, bajo rendimiento escolar y dificultades en su desempeño social y emocional. Además obesidad, sedentarismo, cefalea, miopía, entre otros.

Las sospechas

Gitterman dice que algunos aspectos que pueden ser considerados como sospechas, es cuando el menor presenta una preocupación excesiva por los videojuegos; cuando se le impide jugar y está irritable o ansioso;  descuida sus actividades diarias o ha engañado o mentido para poder jugar.

“La estimulación luminosa de las pantallas interfiere en el ciclo sueño-vigilia, alterando la liberación de melatonina en el cerebro durante la noche, lo que sumado a la estimulación visual antes de dormir, perpetúa el trastorno del sueño en los niños”, concluyó la especialista.

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