Hace 29 años nació en Valparaíso y siendo ella muy pequeña, sus padres
se separaron y su madre, Jacqueline Cruz, paramédico que ejerce en forma
independiente, tomó a su hija, sus cosas y partió a Punta Arenas en pos de una
nueva vida.
Desde el Cerro Barón, allá en el primer puerto chileno, hay mucha
distancia geográfica y existencial con Punta Arenas y en la vida de Carolina
Estefanía Fuentes Cruz y aquí, desafiando el clima, con el apoyo de su madre y
del estado chileno, a través del Sence, más su esfuerzo y tenacidad, salió
adelante.
“No fue fácil, porque fui mamá por primera vez cuando estaba en Tercer
Año Medio en el Liceo María Behety. Dejé de estudiar, me casé y crié a Matías,
mi primer hijo”, recordó Carolina.
Su matrimonio terminó (se afirma que todo es bonito mientras dura) y
debió incorporarse a la vida laboral, desempeñándose, preferentemente, en
plantas pesqueras, con todo lo que ello significa y eso lo saben bien, si no
miles, centenares de otras mujeres magallánicas que han asumido la tarea de ser
jefas de hogar o la de ayudar a sus familias con lo que ganan en largas
jornadas en las plantas pesqueras, por ejemplo, en la faena del erizo.
Carolina nunca dejó de pensar en estudiar y salir adelante, pero su corazón
dijo otra cosa e inició una nueva relación sentimental que, al quebrarse (“las
razones no vienen al caso”) le dejó otros dos hijos: Gabriel y Simón.
Los hijos
“Matías estudia en la Escuela
Padre Hurtado y cursa séptimo años básico. Es buen hijo y buen alumno. Es parte
de la orquesta de la escuela. Allí mismo estudia Gabriel, en kínder, y el más
pequeño va al jardín infantil”, dijo Carolina, orgullosa, porque ella es una de
las numerosas ex alumnas de la misma escuela donde estudian sus hijos, esa prestigiosa
y prestigiada escuela municipal que se ubica en las inmediaciones de la
Población “Pablo Neruda”, allá en el Barrio 18 de Septiembre.
Supo de los cursos que ofrecía el Servicio Nacional de Capacitación y
Empleo, Sence, y aprobó los requisitos que Carabineros del OS – 10 exige
para acreditarse como guardia de seguridad, y tiene un recuerdo
agradecido para Ernesto Pereira, de Educap, una entidad de capacitación.
“Hace ya tiempo que trabajo en el Centro de Rehabilitación y me ha ido
bien. A mis hijos, con el apoyo de mi madre, también les va bien y yo espero
que crezcan para poder estudiar y llegar a ser enfermera”, dijo Carolina
Fuentes.