La pequeña Kris de 11 años nos muestra con orgullo sus dos peluches y nos dice llena de satisfacción: “Me los gané jugando a la ruleta. ¡Soy seca!”. Su padre, Luis Prieto, agrega simplemente: “Está bonito y muy entretenido. Lo más importante es que ella lo ha pasado muy bien”. A su alrededor, los pasillos del Liceo San José hierven de actividad, repletos de niños, adolescentes y algunos adultos. Con 40 stands y salas habilitadas, el Liceo San José mostró una oferta variada de juegos, entretenciones, que incluyó un carrusel y hasta una “Casa del Terror”, a instancias del centro de alumnos. “Hemos tratado de hacerlo lo más entretenido y novedoso posible. El dinero va para los cursos y el Centro de Padres, no queda nada para los curas, por si acaso, pues ellos ni siquiera nos arriendan el recinto”, dice Julio Ojeda, presidente del Centro de Padres.
¿Y la comida chatarra?
En cuanto a la polémica por la comida chatarra, ayer se vendieron completos en el Liceo San José, a cambio de dos tickets de $ 200 cada uno. El seremi de Salud, Óscar Vargas Zec, expresa: “Nunca hubo ninguna restricción. La gente interpretó mal”.
La actividad contó también con la bendición sacerdotal y un esquinazo a cargo del Grupo Folclórico del establecimiento, Patagonia Agreste. “Está muy entretenido, sobre todo porque se la jugaron con figuras de Pokémon y lo del carrusel, nos gustó harto”, agregan Paola y Romina Caipillán.
No lejos de allí, escenas similares se vivían en el Instituto Don Bosco. “Es muy diferente de todo lo que he conocido. Me gustó mucho”, nos dice Kamille Beckett, turista danesa quien lleva un mes en Punta Arenas. Alejandro Pedrero, apoderado del grupo Scout del colegio agrega: “Somos 130 alumnos y esto nos permitirá ir a un evento nacional llamado Paxtú 2017 y que se hará en enero en Picarquín”, manifiesta.