La medicina natural recobra el auge que siempre tuvo

Los clientes que tienen los centros de salud que ofrecen productos de la llamada medicina natural, no son solamente de Punta Arenas, también provienen de Río Gallegos, Río Grande, Ushuaia y otras localidades trasandinas.
Ellos han llegado hasta las llamadas “yerberías” buscando alternativas a los medicamentos recetados por los médicos tradicionales y que, afirman, en algunos casos, les dañan el estómago o bien “hacen bien para una cosa, pero provocan otras; alivian los problemas del hígado, pero dañan los riñones”.
El uso de los frutos del bosque, de las flores y de toda clase de plantas medicinales, se pierde en el tiempo y nos hace retroceder hasta los hechiceros, los hombres santos o las conocidas “machis” del pueblo mapuche.
Antes de la llegada de los conquistadores, curaban las enfermedades y dolencias que aquejaban a sus pueblos dando infusiones de plantas, cuyas propiedades ellos habían descubierto, o a través del conocimiento “entregado por los mayores”, o bien, los sometían a tratamientos en que esos remedios se mezclaban con ritos, bailes y música ad hoc.
Sin embargo, cuando hizo su irrupción la llamada medicina moderna, algunos de esos conocimientos fueron relegados o simplemente desechados y hasta los tratados de famosos médicos árabes de la Edad Media se ignoraron, aunque hoy han recuperado su valor y su vigencia.
Cansancio
María Susana Ibarra vino desde Río Gallegos a buscar esa medicina ancestral, porque “me cansé de las pastillas que alivian un mal, pero dañan otra parte del organismo. Y vamos a probarlas para ver si supero los problemas de la falta de calcio y otras dolencias”.
Su coterránea, Silvia Delgado, afectada por la diabetes desde hace doce años, también llegó a Punta Arenas, a la yerbería Blanquita, en pos de lograr una manera de combatir la enfermedad o, al menos, mantenerla a raya y “porque quiero dejar de tomar pastillas”.
Por su parte, Irma Villarroel recomendó el uso de la alcachofa para “ayudar a sobrellevar los problemas de la menopausia” y dejar de lado lo que le han recetado, porque “los medicamentos de laboratorio son tóxicos”, afirmó con convicción.
Los tres casos son ilustrativos de una tendencia que, de acuerdo con lo que dijo Gabriel Gaete, encargado de la yerbería Isis y de Agustín Vidal, ayudante de la dueña de la yerbería Blanquita, se ha ido acentuando.
Gaete manifestó que hay productos que tienen demanda todo el año, especialmente aquellos que ayudan en lo referido a la diabetes, la hipertensión y otras dolencias y afecciones de las personas que llegan a su establecimiento de calle Mejicana al llegar a Bories.
“El verano nos trae la demanda de productos que ayudan a quemar grasas y a bajar de peso”, explicó y las razones son obvias.
También destacó que hay productos “top”, como el mango africano, el café verde y la recién llegada, pero ya muy demandada Garcina Camboggia, cuyas propiedades son múltiples y altamente beneficiosas para la salud.
“Tenemos productos de origen natural desde 200 pesos la bolsita, hasta otros, como la Garcina Camboggia, que vale 21 mil pesos y dura treinta días, en los cuales se recupera la fuerza, se duerme bien y el cuerpo no se altera”, afirmó Gabriel Gaete.
Y, con una sonrisa, indica que los clientes incluyen varones y damas cuando se consulta por productos que potencian la fuerza y el deseo sexual, aunque, señala, son más bien adultos, no mayores, pero adultos.
Cannabis y coca
Por su parte, Agustín Vidal indica que la presencia de la medicina mapuche sigue vigente en Punta Arenas, aunque en menor grado de lo que ocurre desde Puerto Montt al norte, “donde hay gran número de farmacias con productos mapuche y que son reconocidos por sus buenos resultados” y es por esa razón que, desde hace 18 años, recibimos productos del Laboratorio Mapulahuén.
“Blanquita Carvallo Salazar, quien tiene estudios y práctica de años, con el respaldo de la Universidad de Magallanes en temas de geriatría, y yo, que soy su ayudante, a través de este negocio se está atendiendo a los adultos mayores, casi de preferencia, pero también llegan personas de diversa edad, en busca de lo natural”, afirmó Agustín Vidal.
También agrega que hay demanda por productos que han incorporado cannabis y coca, en los porcentajes que ha establecido la autoridad de la Salud y muestra el aceite a base de semilla de cannabis, que alivia dolores crónicos, la ciática, los que provocan las hernias discales y los de las distintas articulaciones.
También se menciona al aloe vera, el cual tiene conocidas propiedades que protegen el estómago y previenen la gastritis.
Y una harina con “maca” y algo de “coca” que permite recuperar fuerzas y caminar mucho, tal como los incas lo hicieron hace siglos, mientras subían y bajaban los caminos del altiplano, masticando esas hojas (que, tratadas, por ejemplo con ácidos provenientes del azufre, se transforman en la “diosa blanca”, tan cara, pero tan apetecida en muchos círculos).
Y no sólo caminar, porque potencia otros gratos esfuerzos, más aún si son compartidos en un ambiente grato y con un vaso con infusión a base de ese producto ancestral.
Y si es por mencionar más plantas medicinales, no se puede dejar de mencionar las hojas de la criolla frambuesa, cuyas propiedades se están descubriendo recién; o los beneficios del consumo de arándanos; la tranquilidad que otorgan las infusiones de la melisa; lo bien que el cedrón hace para el corazón; o cómo el matico actúa como cicatrizante; o cómo la menta, el ajenjo y la ruda hacen maravillas cuando ocurren problemas estomacales o digestivos.
Finalmente, la decisión de optar o ayudarse con los productos de la medicina natural es suya, pero más de algún escéptico le diría que primero consulte a su médico, pero quien no se atreve, jamás podrá cruzar el río.

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