La odisea de una magallánica para retornar a Punta Arenas en medio de la pandemia

Una verdadera odisea protagonizó una mujer magallánica, quien pudo volver a Punta Arenas, recién la noche del lunes.

Macarena
González Garay es técnico en construcción y relató que tuvo que salir
de la ciudad por temas laborales que no podía abandonar, por todos los
gastos que tiene que pagar. “Tengo una empresa construcción hace cuatro
años, y si bien el país está en estado de catástrofe, y hay funcionarios
que pueden cumplir a cabalidad la cuarentena, sin embargo, los que
somos independientes, si no trabajamos, no comemos. En mi caso tengo que
pagar arriendos, entonces me vi en la obligación de dejar la cuarentena
que tenía con mi hija, y salir a trabajar”.

La
mujer comentó que en esas circunstancias se vio complicado su retorno a
Punta Arenas. “Llegué muy tarde el lunes, y el objeto de toda la odisea
que viví para regresar a Punta Arenas, era estar con mi hija de 12 años
que es mi razón de vivir. Ahora ya estoy en cuarentena. En este proceso
de salir a trabajar, se puso complicado el tema del Coronavirus sobre
todo al cerrarse Punta Arenas. Bajaron los vuelos, y resulta que fui por
tres días que era lo que me iba a demorar. Pero me demoré tres o cuatro
días más en terminar el trabajo y me quedé sin regreso vía aérea a
Punta Arenas. En mi desesperación, al ver que la ciudad estaba cerrada
con cordón sanitario, mi única alternativa era viajar por tierra. Me
dijeron que tenía viajar por la carretera Austral y llegar a Chile Chico
bordeando el Lago Carrera para ingresar por Natales. El problema fue
que los caminos son malos, muchos kilómetros sin servicentros, y la
señal telefónica nula. Descansé en los toques de queda y me encontré con
la desagradable realidad que los chilenos han perdido la empatía con el
tema de la pandemia. Ya no tienen humanidad, o sea se han vuelto
egoístas. No pude conseguir alojamiento a pesar de tener salvoconducto y
la explicación de mi viaje. Los pueblos por donde pasé y donde reciben
muchos turistas en el verano me cerraron las puertas. Los mismos
lugareños me veían durmiendo en el auto, nadie me ofreció siquiera agua
caliente por si necesitaba, pasé días sin consumir un café, que ni
siquiera tuve en una bomba de bencina, donde tampoco me prestaron un
baño. Sé que esto no solo me pasó a mí, había personas que no tenían
vehículo. En Cochrane, incluso por ser de Punta Arenas, una ciudad en
cuarentena, no se me dio alojamiento”.

Macarena
relató que además se le prohibió el ingreso a Chile Chico. “El
gobernador en persona me salió a echar, porque ni siquiera me dejó
estacionar en la entrada. Había otros chilenos que por no ser de esa
comuna, el gobernador no los dejó entrar. No conforme con ello no dejó
acceder a ningún servicio básico, solo se les consiguió una cabaña,
donde ni siquiera tenían agua potable, algo insólito, dado que en
nuestra Constitución el agua es vida.y más encima cobrarle 35 mil pesos
por día. A ellos les di agua, porque no tenían ni siquiera para beber.
Todos nos queremos cuidar, y sé que ellos se cuidan, pero vi que la
gente está perdiendo la humanidad. Toqué puertas, todos encerrados en
sus casa, detrás de las ventanas”.

La
técnica en construcción agradeció volver a su tierra. “No estaría de
vuelta gracias a autoridades regionales, también al abogado Juan José
Arcos, que aporta mucho en este tipo de situaciones y tuvo la gentileza
de contactarse con las autoridades regionales que pudieron hablar con el
gobernador de Chile C
hico.
En ese momento, fue caballero y pudimos conversar, donde se contactó
con el gobernador de Cochrane hasta que finalmente me liberaron el paso y
pude comprar pasaje en el ferry de la Broom. Fueron 40 horas de viaje,
desconectada de todos y llegué a Puerto Natales, viajando a Punta
Arenas, no sin antes de pasar el taco en el control de Kon Aiken. Pasé
muchos controles, pero militares y Carabineros tuvieron la mejor
disposición conmigo, me ofrecieron hasta café, entendieron a cabalidad
mi tema familiar”.

La
afectada dijo además que “el sabor amargo está pasado abrazando a mi
hija. Tuve que retroceder muchos kilómetros, donde tuve gastar mucho
dinero en combustible. Las grandes empresas amparadas por el Gobierno,
deben mucho dinero a las pymes, y yo no soy la excepción, soy una
pequeña empresa que vivo de las facturas, de las cuales me deben mucho
dinero, por lo tanto tuve que costear el viaje con mis fondos”.

Y
agregó: “Quiero destacar la cordialidad, amabilidad y empatía de
Transbordadora Austral Broom, partiendo por Gustavo Mansilla quien
gestionó, a través de su asistente de ventas, Kathy, todo el proceso de
mi regreso”.

La imagen muestra el cordón sanitario en Chile Chico, donde a Macarena se le prohibió el ingreso.

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