La pista para ciclistas extremos que hace un par de años se construyó con el aporte de una empresa privada, por estos días presenta un rostro deplorable.
Ubicada entre el Pasaje Centenario y la Avenida España, frente a las dependencias de la Séptima Compañía de Bomberos de Punta Arenas, cuando las condiciones climáticas lo permiten, es un punto de reunión de decenas y decenas de niños, niñas y adolescentes que han dominado o están en vías de domeñar sus modernas bicicletas.
Allí juegan, hacen deporte, piruetas, no molestan a los peatones que transitan por el sector y comparten prácticas que cimentarán amistades duraderas cuando ya sean mayores, como ha ocurrido desde siempre en nuestra ciudad, no sólo con las “bicis”, también con los trineos (cuando nevaba y escarchaba y hacía frío en nuestra tierra) o con las “pichangas de mi barrio”, con aquél final que coronaba vencedor al equipo que hacía el último gol al filo de los llamados familiares para regresar a casa, “no ven que ya es tarde” (pero aún estaba clarito, gracias al ocaso de esas tardes – noches del ayer).
Pero la plaza, por estos días, se ha puesto peligrosa para los ciclistas que concurren a ella a sus prácticas deportivas y lúdicas.
Parte de la pista se ha transformado en una laguna que alimenta su profundidad el agua de la lluvia.
Pero eso no es todo: en esas aguas sucias y estancadas flotan restos de madera, de botellas plásticas, papeles y, singularmente, hasta más de un pañal usado.
En otro sector de esa pista para los ciclistas extremos y casi extremos, el agua oculta en parte, los pedazos de los vidrios de botellas de bebidas alcohólicas, envases vacíos, papeles y otros desperdicios que personas irresponsables lanzan a esa singular laguna.
Los espacios de uso público, como esa plaza o pista de ciclismo, son de responsabilidad de las direcciones de Aseo y Ornato de los municipios y, dicen los vecinos y vecinas del Pasaje Centenario y de quienes van y vienen por calle Angamos, verla en ese estado de suciedad es deplorable y lo lamentan y harto.
Tal vez, en un gesto de buena voluntad con la comunidad y con ellos mismos, un grupo de esos ciclistas pudieran abocarse a la tarea de limpiar ese espacio que utilizan, aunque la responsabilidad sea de otros.
Nuestro diario se comunicó con la Dirección de Aseo, Ornato y Revisión de Contratos; se les dio a conocer la situación, avisando que había respaldo fotográfico y que se deseaba saber qué haría esa repartición municipal al respecto y que lo que se informara sería debidamente publicado.
El funcionario que atendió el llamado telefónico tomó nota, dijo, y añadió que le daría cuenta a su jefe de la situación y que se debía esperar un llamado telefónico, el cual no llegó al cierre de esta crónica.