Al mismo tiempo, indicaron que ese procedimiento
fue “reactivo” frente a las denuncias formuladas a través de Diario El
Pingüino, ya que la situación ilegal data de hace largo tiempo y sin que se
hayan adoptado las medidas como las que permitieron detectar el accionar ilegal
de un grupo de ciudadanos argentinos y la consiguiente incautación de noventa
kilos de salmón.
García agregó que ese volumen de carne de salmón,
en su mayor parte “Chinook”, se comercializa a domicilio, sucio o fileteado, en
la ciudad de Río Grande, a razón de seis mil pesos chilenos el kilo, lo cual da
un total de 540 mil pesos, poco menos de 800 dólares.
Esa cifra es notablemente alta porque los gastos en
que esos pescadores ilegales argentinos son mínimos: un día de pesca, desde la
mañana hasta la tarde, implica sólo un par de sándwiches, café o bebidas y el
combustible de los vehículos que participan en “la operación” por la cual no
cancelan ni derechos ni el costo de la licencia de pescadores.
“Es decir, una actividad deportiva se ha
transformado en un negocio que está afectando un recurso atractivo para el
turismo chileno y para los pescadores deportivos de este lado de la frontera,
lo cual nos parece altamente criticable”, reiteró el arquitecto García. “Nosotros
pedimos que estos controles se hagan más frecuentes y es bueno que se haya
coordinado la acción de las autoridades y servicios públicos para
desarrollarlos y que las sanciones sean ejemplarizadoras, o sea, como cuando se
combate el tráfico de drogas: corresponde la incautación del producto; de los
aparejos de pesca, de las mochilas y hasta de los vehículos utilizados en el
transporte de esa pesca”, insistió García.
“Claro que también se hacen necesarias otras cosas.
Por ejemplo, modificar la ley y aumentar la cantidad de especies autorizadas
para cada pescador chileno ya que tres, con un máximo de 15 kilos en total, es
poco. También es preciso que haya mayor coordinación de las autoridades,
Sernapesca por ejemplo, con los pescadores deportivos, para darles a conocer
sus derechos y sus obligaciones, es decir, capacitarlos para que desarrollen su
afición deportiva sin infringir la ley y protegiendo los recursos acuícolas de
nuestro país, de nuestra región y el futuro de la actividad turística porque hay
muchos pescadores deportivos extranjeros que consideran que esta zona,
especialmente, el sur de Tierra del Fuego es un verdadero paraíso de la pesca
deportiva”, reflexionó el arquitecto García.
Finalmente, reiteró la necesidad de educar a muchas
personas aficionadas a la pesca deportiva ya que es doloroso encontrar, por
ejemplo, en el río Penitentes, espineles con hasta tres anzuelos con gusanos
casi vivos, puestos por personas que no saben o no quieren saber que eso es
ilegal, que está prohibido.