Las cuatro etiquetas que ya asustan a todos los golosos

Los rótulos de todos aquellos alimentos que han sido las delicias de numerosas personas y que advierten acerca de los componentes de esos alimentos y que pudieran afectar la salud de los consumidores ya inquietan a aquellos que son considerados “golosos” o “buenos para los pataches”.
Esos rótulos son  aquellos que indican que algunos productos están calificados como “Alto en Grasas Saturadas”; “Alto en Sodio”; “Alto en Calorías” y “Alto en Azúcares”.
Esa calificación apunta a la prevención de un problema que, en la Región de Magallanes, tiene ribetes graves.
La obesidad, incluso mórbida, está afectando a numerosos niños, estudiantes básicos, medios y universitarios y adultos de ambos sexos, con los daños colaterales de gravedad que se conocen públicamente.
Ante esa situación y como solución “muy a la chilena”, se dio forma, se promulgó y se pondrá en práctica un cuerpo legal que obliga a colocar en el etiquetado de los alimentos la calidad de sus componentes o ingredientes.
Y ¿por qué muchas personas califican esta ley como “muy a la chilena”?
Porque en nuestro país se estima y considera que muchos problemas se solucionan por el mero efecto de la creación de nuevas normas legales que regulen las conductas y los hábitos de los chilenos, por ejemplo, esta ley y la “Ley Emilia”, esta última muy poco respetada por los conductores de vehículos motorizados, por los fiscalizadores y por los peatones.
Es más.
La Ley 20.066, la de los etiquetados famosos, estableció que, a partir de mañana, las escuelas, liceos y colegios deberán contar con kioscos saludables, en los cuales no aparecerán aquellas etiquetas que indiquen que los productos que se expenden en ellos son “Altos en…”.
Se priorizó la venta de leche descremada, de yogures, de jugos naturales, queques y pasteles de verduras, frutas frescas y ensaladas.
Una oferta que a muchos golosos y personas que aún tienen hábitos de ingesta alimenticia que no son saludables, los dejarán “a media tripa” o “como a un gato mirando hacia una carnicería”, utilizando la jerga más popular posible.
Para los primeros, se hará un urgente cambio de hábitos alimenticios y para el felino del segundo ejemplo, se hará más recomendable desechar las carnes rojas, por ejemplo, y consumir pescado.
Pero, los chorizos, los costillares de cerdo, los corderos, las longanizas y los diferentes cortes de carne de vacuno seguirán a la venta y la responsabilidad de consumirlos será asumida por cada uno.
Pero en lo que los niños respecta, por lo menos en los colegios, ya no podrán consumir papas fritas, galletitas dulces y saladas y hasta quedaron fuera de esta carrera por los hábitos alimenticios saludables, los completos y las tradicionales “juntas” donde, hasta ahora, las “completadas” son fundamentales y, al término de un “carrete” servían para paliar los efectos del “bajón” de la madrugada, a veces tardía.
Lo que le faltó a la iniciativa legal para ser perfecta o acercarse a esa perfección es una campaña masiva e intensiva que eduque a los consumidores acerca de los peligros que entraña para la salud el consumo de alimentos que no son sanos.
La obesidad, en muchos casos, mórbida, implica hipertensión y los consiguientes accidentes cardio – vasculares  o cerebro – vasculares;  o la diabetes y, también, los problemas renales y sicológicos de los “patacheros” y de los golosos entre otros efectos de no llevar una vida saludable.
Y tampoco hay etiquetas que recomienden hacer más ejercicio, dejar de fumar, beber alcohol en exceso y romper con el sedentarismo de la vida moderna.
Pero algo es algo y se confía en que “Las Cuatro Etiquetas del Apocalipsis” hagan mella en la voluntad de los consumidores, de los golosos y de “los patacheros”.

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