Estar enfermo o sufrir un accidente ya es un problema, pero es sólo el inicio de una larga cadena de sucesos que deben soportar los afiliados tanto al sistema de salud pública (Fonasa) como al privado (Isapres), esto por el rechazo y no pago de las licencia médicas.
Son miles los chilenos que todos los años deben cargar con su enfermedad a cuestas y con la angustia de saber si contarán o no con su sueldo para cubrir los gastos que generan los consumos básicos y los compromisos adquiridos. A esto se suma un hecho no menor: las depresiones asociadas a este círculo vicioso. Ni hablar de los casos de licencias reiteradas, donde muchas veces no sólo se pone en tela de juicio la credibilidad del médico tratante, sino también de los pacientes que son puestos bajo la lupa.
A lo anterior se suman enfermedades como alergias nerviosas, estrés, hipertensión arterial, tensional, y algunas que el Ministerio de Salud no considera como enfermedades, como la fibromialgia.
La Ley dice que el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) debería pagar las licencias médicas de sus afiliados en un plazo máximo de un mes. Sin embargo, esto todavía es un gran desafío para la institución. El año pasado sólo el 65,5% de los permisos, no necesitaron peritaje de la Comisión Médica Preventiva e Invalidez (Compin) -es decir, que fueron autorizados sin problema- y cancelados en ese plazo, mientras que el resto, cerca de 974 mil permisos, tuvieron algún nivel de atraso.