Los autos abandonados en la vía pública se han transformado en un problema que las autoridades de Punta Arenas no han podido resolver.
Ha habido iniciativas que se centraron en la Villa Lorca; se formularon anuncios; se retiró uno de esos vehículos y las cosas, al parecer, quedaron hasta allí y no abarcaron otros sectores de la capital magallánica.
Al contrario, en distintas calles, avenidas y pasajes es posible apreciar cómo, personas irresponsables, han dejado los restos de numerosos vehículos, de distintas marcas y modelos, a los que otros desconocidos les arrancaron partes, piezas y asientos o han sido utilizados como eventuales refugios para dormir y beber, muchos dicen que hasta para drogarse.
Pero siguen allí.
El municipio y la Coordinadora Regional de Seguridad no se han puesto de acuerdo para ejecutar un programa que permitiera retirarlos y muchos de ellos han sido quemados durante los últimos meses.
Y los fondos de la Seguridad Regional están disponibles y hasta con plazo, pero actuaciones propias de personajes kafkianos los mantienen paralizados con excusas que a muchas personas les parecen pueriles y hasta oportunistas.
Pero la chatarra sigue ahí y no se sabe hasta cuándo, molestando y dificultando el normal tránsito de peatones, especialmente los de edad más avanzada..
Una imagen dice más que mil palabras y aquí, junto a esta crónica, van algunas de esas imágenes que demuestran que los autos abandonados, a medio destruir o ya casi completamente destruidos siguen reinando en muchos sitios.
Y, al parecer, y mientras quienes debieran haber asumido esa responsabilidad para con la ciudad y sus habitantes no se hagan responsables de hacerlo, ese reinado de los fierros duros de retirar, sucios, corroídos por el óxido y llenos de basura, tendrán un largo reinado.