“Los
egos pueden destruir los buenos liderazgos”, comentó un antiguo
dirigente socialista, hace algunos meses, cuando la lucha entre los
integrantes del Consejo Regional por asuntos relativamente menores,
estaba desatada.
Las
sucesivas votaciones frustradas para elegir a un reemplazante de Miguel
Sierpe en la presidencia y los duros enfrentamientos entre los mismos
integrantes de este organismo por la presidencia de las comisiones
fueron elementos que rompieron confianzas y lealtades al interior de los
conglomerados políticos y, lamentablemente, brindaron un triste
espectáculo ante la ciudadanía.
Para
el ciudadano común, los ríos de tinta a que dieron lugar estos
enfrentamientos poco o nada les interesó. Pero estos hechos se
tradujeron, sin embargo, en que a la hora del trabajo en terreno, los
actuales ocupantes de la mayoría de los sillones del Consejo Regional
contaron con muchos menos soldados para hacer el anónimo y sacrificado
trabajo de ir a la calle y a la población para hacer evidente los logros
de sus figuras políticas, logros que bien es cierto, muchas veces
pueden pasar inadvertidos para el ciudadano común inmerso en sus
preocupaciones cotidianas.
Sangre propia
Estos
hechos son particularmente evidentes en los casos de los consejeros
regionales de la Nueva Mayoría, tales como Patricia Vargas, Marcelino
Aguayo y Nicolás Gálvez.
Todos
ellos se vieron inmersos en duros conflictos con sus compañeros de
coalición por los temas ya referidos. Patricia Vargas rompió una
relación de años con Antonieta Oyarzo a raíz de las elecciones para la
presidencia de las comisiones y Nicolás Gálvez se enfrascó en un duro
frente a frente contra Miguel Sierpe a raíz del episodio, a esas alturas
impresentable, de la sucesión en la presidencia del Consejo Regional.
El
compromiso de algunos consejeros regionales por entregarle este cargo a
Patricia Vargas, tras la renuncia de Miguel Sierpe se transformó en un
espectáculo grotesco, donde este último presentaba una y otra vez su
cargo a disposición y siempre faltaban uno o dos votos para que ello se
hiciera efectivo, debido a los cambios de alianzas de los integrantes
del consejo.
La
derrota de Patricia Vargas fue acaso una de las derrotas más sonadas de
los últimos comicios regionales, debido a sus largos años de
participación en este organismo colegiado. Sin embargo, en sus últimos
meses, la representante de Tierra del Fuego sumó y sumó adversarios en
su gestión, en lugar de sumar aliados.
Ayer,
por ejemplo, el intendente Jorge Flies destacó la labor de los
consejeros regionales tanto de los reelectos como quienes se perdieron, a
lo que el consejero Roberto Sahr expresó con pesar: “Por desgracia, la
ciudadanía no piensa como usted”.
Ante la sonrisa cómplice de Antonieta Oyarzo, Vargas agregó: “Parece que la presidenta del Consejo Regional, piensa lo mismo”.
Pero
este conflicto fue menor comparado con otro: el mediático choque con la
alcaldesa de Porvenir, Marisol Andrade y que terminó con un durísimo
enfrentamiento en medio de la sesión, donde Andrade acusó “falta de
respeto” al invitarla a una sesión del Consejo Regional donde el
proyecto presentado por su municipalidad no fue ni siquiera incluido en
la tabla. Oyarzo afirmó que le parecía “una ordinariez” el que hubiese
aprovechado la posibilidad de hacer uso de la palabra para hacer un
reclamo semejante.
Todos
estos conflictos que rompieron lealtades partidarias y personales,
socavaron el respaldo de varios de los candidatos del oficialismo, a tal
punto que la mayoría de ellos terminaron siendo reemplazados por sus
propios compañeros de lista.
Fue
el caso, por ejemplo, de Dálivor Etérovic, quien dispuso,
probablemente, de una de las campañas mejor dotadas de recursos para un
candidato del Partido Comunista y que, sin embargo, fue superado por su
compañero de lista, el doctor Juan Vukusich, quien aprovechó la
circunstancia mediática de ser él, el médico con mayor cantidad de
licencias rechazadas por parte de las isapres, en toda la Región de
Magallanes, durante el año pasado. Cuando la noticia se conoció, las
personas en redes sociales le brindaron todo su apoyo por “enfrentarse
al poder de las isapres”, como se leyó en muchos mensajes posteados.
Un
caso digno de análisis fue el de Marcelino Aguayo quien un año atrás
encabezó una masiva protesta de taxis y colectivos en Punta Arenas,
contra el Ministerio de Transportes, a propósito de Uber, pero cuya
gestión terminó siendo duramente rechazada por sus bases, al obtener
menos de mil votos (1,8%).
Veleidad
Pero
los juegos de alianzas no sólo golpearon al oficialismo. En el caso del
consejero regional Roberto Sahr, quien finalmente desembarcó para esta
campaña en el partido PRO, sus cambios de bando le terminaron jugando en
contra. “¿Qué hace él en el PRO?”, se preguntaban muchos, antes de la
elección. Como resultado, Roberto Sahr obtuvo un 2,36% de los votos.
Otro
que pagó caro los cambios fue el consejero regional Jorge Vega Germaín,
cuya llegada al Consejo Regional fue duramente criticada por quienes lo
consideraban una figura representativa de la dictadura lo que generó,
incluso, actos de protesta en el mismo Consejo Regional.
Vega
cambió su postulación desde la provincia Antártica hasta la de
Magallanes con el resultado que apenas obtuvo 387 votos, 0,8%, una de
las más bajas de la región.