Los primeros pasos para la lucha contra la masiva obesidad infantil

La diabetes; la
hipertensión; los problemas renales, los problemas óseos y el efecto sicológico
que provocan las limitaciones físicas, por ejemplo, en las actividades
deportivas, son los efectos más cercanos sobre aquellos escolares que presentan
diversos niveles de obesidad.

Hay otra cosa más: cuando
estos niños llegan a la adolescencia, etapa de la vida en que el aspecto físico
tiene, a veces, demasiada importancia en la inter relación entre iguales y
coetáneos, vienen los complejos y los sufrimientos, sin distinción de sexo o de
condición social.

Todo ello, más allá de las
cifras de obesidad y sobrepeso que manejan los servicios de Salud, la Junta de
Auxilio Escolar y Becas; el Ministerio del Deporte; las Corporaciones para la
Educación y algo el Mineduc.

La nueva Ley de Etiquetado
de Alimentos, aún en la Contraloría y con algunas observaciones para mejor
operar, dicen los parlamentarios involucrados en el tema, establece que
existirán, por norma, límites máximos para el sodio (sal); azúcar, calorías y
grasas saturadas, máximos que dejarían fuera de carrera a los completos; los
choriquesos, los choripanes, entre otros, a menos que quienes los preparen y
expendan, respeten esa norma legal.

En el caso de que haya
exceso de lo normado, los rotulados de esos productos deben llevar un disco
“Pare” y en color negro, que alerte el exceso de nutriente crítico que
corresponda.

Y en este combate contra
“la gordura”, la ley establece que, al interior de los recintos educacionales,
se prohíbe la venta de galletas, snacks salados, cereales, dulces y bebidas,
entre otros.

La idea es instalar “kioskos saludables” que expendan
ensaladas de frutas frescas; yogures descremados, sin azúcar; jugos, helados y
batidos de fruta natural; ensaladas; sándwiches con palta, tomate, lechuga y
pollo fresco, además, entre otros, de platos preparados caseros, como guisos
tortillas y sopas

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