Los refugios para los peatones que deben utilizar la locomoción colectiva en Punta Arenas pasaron de ser un aporte novedoso a lugares donde el vandalismo ha dejado su huella maloliente y destructiva.
La decena de construcciones demandó una inversión cercana a los 15 millones de pesos por cada uno de los paraderos y su objetivo era guarecer a quienes fueran sorprendidos por la lluvia, el viento, el frío extremo y la nieve mientras se desplazaban de un punto a otro de la ciudad.
Basta sólo con mirar el paisaje de las calles Magallanes, Chiloé y Angamos para confirmar que numerosos sujetos carecen de respeto por la infraestructura urbana -la mayoría residentes locales- y sin la educación necesaria para valorar lo que ha sido, pese a todo, un aporte a la ciudad.
La esquina de Chiloé con Independencia permite a quien desee instalarse allí, el deprimente espectáculo de dos refugios peatonales, literalmente destrozados a patadas, rayados y pintarrajeados con pintura.
Parte de uno de los refugios aún muestra lo que individuos enfermos o borrachos han hecho para expresar su visión del mundo urbano. Además, es frecuente que el interior de esos refugios sea utilizado como baño público, dormitorio de indigentes y hasta como singulares moteles parejeros.
Los usuarios
La gente que espera locomoción en la calle Magallanes prefiere hacerlo a la intemperie, porque tal como manifestó una señora que no quiso identificarse, “da asco entrar al refugio por la suciedad y mal olor que hay adentro”.
Algunos simplemente ya ni lo intentan, porque han tenido desagradables experiencias con excrementos humanos y de perros, o simplemente como le ocurrió a Pedro, “que entré sin fijarme y pisé a un vagabundo que dormía tirado en un rincón”.
“Es insalubre”, se queja un señor que espera un colectivo que lo lleve de vuelta a su casa. “No puede ser que nadie se haga cargo de este problema. Aún el clima acompaña un poco, pero luego, cuando llegue el invierno, no habrá donde estar. Deberían buscar una solución ahora ya”, concluye.
La autoridad
En la municipalidad reconocen que existe un problema de vandalismo y suciedad. Los servicios municipales de Aseo y Ornato y hasta los de emergencia aparecen como desbordados por las acciones de quienes han utilizado los refugios peatonales para cualquier cosa, menos para lo que fueron instalados.
Dicen que para protegerlos y mantenerlos se utilizó, en su momento, materiales y pinturas especiales; después, detergentes potentes, pero de nada sirvió: se limpiaba un refugio y al día siguiente había sido repintado.
Es obvio que no todos los cultores de la pintura urbana o de intervenciones artísticas en lugares públicos dejan sus huellas en los refugios peatonales y, menos aún, los utilizarían como baños.
Los esfuerzos policiales han sido, hasta ahora, infructuosos para ubicar y detener a los responsables de estos actos vandálicos.