Hay oficios que son casi tan antiguos como el ser humano mismo: trabajos manuales, necesarios pero poco prestigiosos, que se ejercen desde hace siglos en todo el mundo.
Pero en muchas grandes ciudades, especialmente en el mundo desarrollado, una nueva generación los está reinventando como carreras bien pagadas y perfectamente aceptables, incluso para los poseedores de un título universitario.
Se trata por lo general de jóvenes que, pudiendo hacerlo, optan por no ejercer ninguna de las profesiones que demanda la actual economía, cada vez más basada en el conocimiento y la tecnología.
En su lugar, eligen dedicarse a servir y hacer cosas con las manos.
Y, en el proceso, le han conferido un nuevo estatus a viejos oficios “de cuello azul”, como barberos, carniceros y cantineros.
¿La prueba? La proliferación de esas barberías de postín en las que elegantes jóvenes tatuados con cuidadas barbas que prometen una experiencia “de vieja escuela”, de carniceros que virtualmente conocen todo sobre los animales que destazan, innovadores maestros del cóctel que los han elevado a la categoría de arte…
Y en su libro “Maestros artesanos: viejos oficios en la nueva economía urbana”, el profesor de sociología de la City University de Nueva York Richard Ocejo, también incluye en la lista a los cada vez más numerosos fabricantes de licores artesanales.
“La nueva generación de jóvenes profesionales que se está mudando a las ciudades de moda ha desarrollado gustos muy específicos, que son muy diferentes de los de previas generaciones”, explica.