Una serie de rápidas consultas a personeros que están estrechamente vinculados a la actividad extractiva de moluscos en Magallanes, indicaron que se ha conversado acerca de solicitar a las autoridades gubernamentales algún tipo de beneficio como compensación por haber desarrollado una importante actividad productiva conviviendo con el fenómeno de la Marea Roja durante largas décadas.
“Hemos pasado momentos muy duros cuando el fenómeno ha obligado a cerrar algunas áreas de extracción relativamente cercanas a Punta Arenas y Puerto Natales porque es preciso navegar más lejos en busca del producto y eso no lo paga nadie, tenemos que apechugar nosotros no más” afirmó un armador pesquero que pidió reservar su identidad.
Y es más: cuando esos trabajadores del mar regresan a puerto, después de una faena que puede ser extensa, tienen que ser esperados por un vehículo que debe transportar lo necesario para que los servicios especializados de Salud procedan a realizar los exámenes que determinan si las cholgas, los choritos y otros moluscos bivalvos filtradores, están o no contaminados con la mortal toxina paralizante.
Si se da el visto bueno, es decir, esas partidas no están contaminadas y están aptas para el consumo humano, ese cargamento puede ser comercializado en los locales autorizados y que deben exhibir el certificado pertinente y si hay demoras, el precio sube porque se torna escaso.
Si, por el contrario, esa partida de productos del mar resulta estar contaminada con “Marea Roja”, los sacos con mariscos deben ser lanzados al mar.
“¿Y quién paga, en este caso, los gastos del armador de la lancha; los adelantos de dinero para las familias que quedan en la ciudad; quién paga el petróleo que se gasta; el sueldo de los tripulantes, de los buzos y su alimentación?” se preguntó.
Y tira líneas y suma y resta, porque armar una lancha y realizar una faena de, a lo menos, quince días “es plata” y nunca menos de dos millones y medio de pesos y hay que ver que el riesgo es grande por el factor climático.
De chico ya sabía de la Marea Roja; de sus mortales efectos (“Recuerdo a una vecina de la calle Lastarria, que consumió cholgas contaminadas y murió y a un grupo de marinos que también fallecieron cuando en los canales “cosecharon” un banco de choros y cholgas sin saber que estaban envenenados y hubo que montar un operativo aéreo para traer a algunos hasta Punta Arenas, salvándoles la vida”).
Pero nunca ha habido un subsidio permanente para compensar ese riesgo y los daños que ha causado en más de una ocasión.
Y mirando hacia Chiloé, hacia las regiones de Los Lagos y de Los Ríos; el bloqueo de caminos; las barricadas y las protestas a lo largo de Chile, en Suecia y en Londres, y la solidaridad magallánica, renace la pregunta: ¿no sería posible un subsidio o un beneficio concreto para los pescadores de los canales más australes, de Puerto Natales, de Punta Arenas, de Porvenir y, si llega a haber “Marea Roja” en el Beagle, también para los de Puerto Williams?¿O una ayuda para aquellos que pierden semanas de trabajo en el mar y llegan con partidas contaminadas a los muelles de Natales, de Bahía Mansa, de Los Pinos, del seno Skyring o hasta Punta Arenas.
¿Y no sería posible montar laboratorios móviles que estuvieran en los lugares del desembarque de esos productos y evitar gastos mayores en venir y volver con las muestras?
Que los responsables de responder esas preguntas no digan más adelante, que no se lo dijimos, porque la inquietud está pendiente desde hace largo tiempo, pero ahora, con la crisis de Chiloé, ha empezado a tomar más fuerza.-
Y en una de esas …