Mal Bicho… Los fabulosos Cadillacs: ¡cuánta razón tenían!

No
se merece ningún respeto, no me vengan con el espíritu republicano o el
respeto por la democracia. Quien avasalla nuestros principios
fundamentales de convivencia y no tiene asco en atacarnos, humillarnos,
hundirnos en la miseria y bajo la excusa de la Constitución sigue
defendiendo a los poderosos de siempre, no se merece consideración
alguna. Quien ha permitido que se mate, quien ha permitido que se
atropellen los derechos del pueblo al que ha mutilado, cegado y golpeado
sin misericordia alguna, no se merece ningún respeto. En cualquiera
democracia decente, con parlamentarios decentes, ya estaría destituido
por faltar gravemente a sus deberes. En cualquiera sociedad empoderada,
con políticos realmente comprometidos y consecuentes y que no se anden
mirando el ombligo (algunos ni siquiera eso pueden hacer producto de su
dieta), ni tampoco anden siempre anteponiendo los intereses de sus pocos
seguidores (porque es tragicómico ver que no convencen a casi nadie),
actuarían según lo que los tiempos le exigen, pero no, son iguales de
malos bichos, rastreros, vendidos, preocupados de sus miserables
conglomerados que tienen exactamente el mismo rechazo y que se rodean de
unos pocos (fanáticos a estas alturas) que les creen promesas que nunca
se han cumplido ni se cumplirán o ¿usted cree que realmente Chile ha
cambiado?… Se hizo casi costumbre, algo naturalizado, soportar el
abuso; nada decíamos cuando el atropello económico se instaló en nuestra
patria; nos hicieron creer que “salíamos del subdesarrollo” y
presentaban a los cuatro vientos el “milagro de Chile”, pero bajo ese
milagro estaba agazapada la pobreza, la miseria de millones que
favorecieron a unos pocos… La Concertación tuvo su oportunidad, pero al
poco andar resultó que les gustó el “sistema” y, en vez de cambiarlo, lo
perfeccionaron. La derecha, por su parte, estaba de fiesta y festejaban
los atropellos sistemáticos y aplaudían la privatización de la salud,
de la educación y el acceso a la vivienda, entre tantas cosas. De tanto
en tanto surgía una voz disidente, pero al poco tiempo perdía
prontamente su inocencia y participaban del baile y comían en la misma
mesa con los patrones del abuso… Y así estuvimos por décadas, hasta que
esos valientes muchachos y muchachas con la armadura de sus uniformes
escolares, saltaron el metro, lo demás es historia conocida… Pero, para
variar, al principio todos encontraban que el abuso existía, pero pasado
año y medio, todo lo malo se ocultó una vez más bajo la alfombra. Los
que prometieron “salvar” la política chilena, engordaron tranquilamente
al alero del parlamento y fueron tan caras de trasero, que no tuvieron
asco en decir (en las elecciones pasadas), que Piñera y Guillier eran lo
mismo y vean lo que estamos viviendo, no pues, no era lo mismo y, como
si fuera poco, se sentaron a firmar un ¿acuerdo por la paz? con aquellos
que antes eran lo peor de Chile, o sea, se convirtieron en malos bichos
de una manera que nadie pensaba actuando como unos viles traidores… Los
“malos bichos”, abundan en nuestra política chilena, aparecen como un
capullo con ansias de bella mariposa, pero no son más que gusanos…
Ahora, que tienen la posibilidad de expulsar al bicho mayor, argumentan
lo de siempre y defienden una supuesta “institucionalidad” que se cae a
pedazos, pero que los favorece a ellos… Se hacen los lesos, no acusan,
no participan por una más que notable actitud de “abandono de deberes”,
pero como son tan amarillentos y bichos por naturaleza, se justifican
con estupideces… No podemos ni nos merecemos tener a estos gusanos en el
poder. Para todos, como siempre, un abrazo.

P.D.: menos para los “cuncuna amarilla”… Ellos saben quiénes son… Nosotros no olvidamos

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