“Un día de verano, cuando vivíamos en Puerto del Hambre, cerca de Fuerte Bulnes, y yo tenía como un año de edad, mi padre salió a buscar cholgas para un curanto, cuenta mi madre, y desapareció en las aguas del Estrecho de Magallanes, sin que su cuerpo jamás pudiera ser encontrado”.
Así partió la historia Roxana Gallardo Concha, hoy día bordeando la cincuentena, con pareja estable, madre de tres hijos de 25, 23 y 13 años, que se define como “una magíster en lo social, pero sin título” y que lamenta que haya tantos y tantos que muestras sus títulos pero que son responsables de las leyes, de la situación “y de las calamidades que vive nuestro país”, señaló sin tapujo alguno.
– ¿Cómo fue su infancia?
“Movida, porque vivimos en Punta Carrera después que nos obligaron a cambiarnos de donde vivíamos. Fui feliz, pese a las estrecheces familiares y que mi madre, con su trabajo, hizo más grata”.
– ¿Y luego?
“Estuve en el Hogar Miraflores, internada, hasta cuarto básico. Siempre estuve por lo que consideraba justo y eso costó que las monjitas lo entendieran y me calificaron como una niña con mala conducta”.
– ¿Y después?
“Después que salí de ahí, me enviaron al internado de la Escuela de Agua Fresca. Y tengo un cariño vivo aún y un agradecimiento muy grande para el profesor y director de esa escuela, don César Maldonado, a quien muchos llamaban ‘El Negro Maldonado’, que me ayudó, que me perdonó muchas y que se alegró cuando me gané la Beca Presidente de la República de esos años, seguí estudiando y completé mi octavo básico, con promedio siete”.
– ¿Pero entonces andaba por los doce, catorce años?
“Claro, y como había empezado a trabajar de niñera a los 12 años, seguí haciéndolo y lo he hecho toda mi vida, aunque no siempre fui niñera. He hecho de todo, porque no le tengo miedo al trabajo. Que las he pasado duras, claro, pero salí adelante ya que trabajé puertas adentro y seguí estudiando, hasta completar el cuarto medio en la nocturna, en el Liceo Industrial, y lo terminé con un promedio final de seis ocho”.
– Y ¿qué otros trabajos tuvo?
“Después vino el mundo del trabajo. De formar mi familia. De estar viviendo en una casa en la Villa Lorca. Una vez me presenté a trabajar a un taller mecánico que requería un ayudante. Y con sorpresa aceptaron que yo trabajara, sin saber casi nada nada, más bien nada de mecánica porque ahí aprendí lo que era un carburador de dos bocas, por ejemplo. Yo les decía: soy su ayudante y por eso si me piden tal o cual llave, se la voy a pasar al maestro”.
– También vendió flores..
“Claro, vendí flores y coronas frente al cementerio, recogiendo de la basura las que se tiraban después de haber estado sobre nichos y sepulturas. Las lavaba, las repintaba y con eso vivía: para los primeros de noviembre juntaba plata para tres meses”.
Posteriormente, vendrían los años de las campañas electorales exitosas de Rodrigo Álvarez y Sergio Fernández y después, las no exitosas de ambos personeros, para después volver a los senderos de las victorias con la del diputado Miodrag Marinovic y las uno que otro consejero regional.
También ganó experiencias importantes en el mundo sindical y poblacional, como dirigente del sindicato de los trabajadores de la empresa de estacionamientos y comenzó a dar forma a una organización social que logró, finalmente, que sus socios accediera a la soñada casa propia, haciendo honor al nombre “Mi Esfuerzo, Mi Recompensa, Mi Hogar”.
– ¿Qué enseñanza le ha dejado esta experiencia?
“Lo primero es que existe una necesidad enorme de viviendas para la gente de clase media. De esas familias que han dejado de ser ‘pobres’ porque ganan más de 400 mil pesos y acceden casi a los 800 mil, pero tienen que pagar trescientos, cuatrocientos mil pesos de arriendo. Y ahí les ganan los ‘allegados’, que son calificados como pobres, pero que, en su mayoría, viven con sus padres, sus abuelos, por largo tiempo, dicen. Pero todos sabemos que, como se dice, los muertos y los allegados a los tres días apestan”.
– ¿Y eso le va a servir si es electa como consejera regional?
”Por supuesto. Esa va a ser mi tarea, ese es mi tema. El dinero destinado a la construcción de viviendas los maneja el gobierno regional, el CORE, y lo que se construya es el aporte de todos y esa necesidad de vivienda tiene que ser satisfecha. Además, la gente tiene que saberlo; los subsidios no alcanzan a cubrir el costo de las casas porque la oferta no es mucha que digamos y la necesidad de viviendas para las familias que arriendan casas es real”.
– ¿Y cómo resumiría lo planteado?
“En el Consejo Regional tenemos que trabajar y yo lo haré así, de preferencia, a brazo partido, por lo temas importantes para la gente, para las familias y trabajar para que lo se determine en el CORE les llegue a ellos y que nadie diga “miren lo que logramos y yo trabajé tanto para conseguirlo”. Es hora de trabajar para las hormigas y dejar de hacerlo para la cigarra”.