“Necesitamos hacer memoria de esta dolorosa ruptura de nuestra convivencia democrática”

Durante
la jornada de ayer, el obispo de Magallanes, -Óscar Blanco Martínez,
realizó un punto de prensa en el cual se refirió por primera vez a la
conmemoración de los 50 años del 11 de septiembre de 1973.

En
la instancia, la máxima autoridad de la Iglesia Católica de Magallanes
se refirió mediante una carta al llamado que hace la iglesia local
entorno a esta conmemoración.

Blanco
partió reflexionando que “es habitual que cuando hay acontecimientos
importantes en la vida de la comunidad cristiana o de la sociedad en que
caminamos como Pueblo de Dios, el pastor diocesano proponga alguna
reflexión u orientación, según sea el caso”.


El
pastor de Magallanes reconoció que “se trata de una conmemoración que
tensiona la vida de toda nuestra sociedad, y que polariza las
valoraciones que se hacen del acontecimiento. Todo lo que suscita esta
conmemoración nos muestra que ‘el alma de Chile’ lleva una herida que
sigue sangrando, una herida que afecta nuestra convivencia y nuestro
futuro”.

Blanco
Martínez dijo además que “necesitamos hacer memoria de esta dolorosa
ruptura de nuestra convivencia democrática. Hacer memoria de lo sucedido
es una exigencia de respeto, justicia y reparación ante el sufrimiento
de muchos chilenos, todos hermanos nuestros. Demasiados compatriotas
murieron, otros aún continúan desaparecidos, miles sufrieron la tortura,
el exilio, la pérdida de sus trabajos por sus ideas políticas, y
diversas violaciones a los derechos humanos. Es una triste historia con
una herida que necesitamos sanar para poder caminar juntos. Por eso,
hacer memoria es una exigencia y responsabilidad de ciudadanos, para ir
haciendo un país que, con lucidez e ilusión, construye su presente y su
futuro”.

El
obispo reconoce que “hoy existen diversas interpretaciones del
acontecimiento y de los hechos que lo desencadenaron”, pero hace un
llamado a que “esas lecturas divergentes no pueden paralizar la búsqueda
de un camino que podamos recorrer juntos como sociedad y como país”.

La
autoridad de la Iglesia Católica expresó la importancia de que hoy
“necesitamos hacer una memoria sanadora, superando las distorsiones que
pueden ser el olvido, la negación de lo sucedido, o el recordar con
rencor y deseos de venganza. Todas esas son manifestaciones de una mala
memoria, porque la historia no se puede negar, no se puede borrar, y
tampoco puede quedar detenida en un pasado doloroso, ni cerrada al
futuro por la falta de la necesaria autocrítica que todos tenemos que
hacer”.

Finalmente,
Blanco dijo que “la decisión del perdón, tanto de pedir perdón como de
ofrecer el perdón, es lo único que puede sanar las heridas de la
historia. El perdón ‘de corazón’ es una decisión libre de cada persona
que nace de experiencias y convicciones más fuertes que el dolor de las
heridas. La fe de los cristianos en el Señor Jesús, que vivió y murió
perdonando, es nuestra razón más fuerte para el perdón y la
reconciliación. Y también, los que no tienen el don de la fe y están
llenos de buena voluntad, pueden encontrar en su amor a los demás y al
país, esas razones para el perdón más fuertes que el dolor de las
heridas. Tenemos que decir ‘nunca más’ a todo lo que hemos vivido en
nuestra historia y que nos condujo a esta dolorosa conmemoración, pero
para que el ‘nunca más’ sea fecundo tenemos que aprender juntos que ‘hoy
más que nunca’ es la ocasión de ir construyendo un futuro que nos llene
de esperanza a todos”.

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