Forjar
que niños y jóvenes que han desertado del sistema escolar por diversas
situaciones lo retomen, es el objetivo del programa “Caminos de Libertad
y de la Tarde” que desde 1997 ha suplido dar cobertura a menores
pertenecientes a la red exSename y, en la actualidad, “Mejor Niñez”.
Se
denomina como un proyecto psico-socioeducativo que funciona bajo el
alero del Centro de Educación Integral de Adultos (Ceia) del SLEP de
Magallanes.
Teresa
Bórquez, coordinadora del programa, comentó que en la actualidad
cuentan con una matrícula de 35 estudiantes: 28 en enseñanza media y 7
en enseñanza básica y que, en alianza con Junaeb, los estudiantes
reciben desayuno, almuerzo y colaciones.
A
su vez, explicó que una vez terminado el primer semestre existe un
aumento en la matrícula, “esto ocurre cuando ya se comienza a visualizar
en el sistema formal las dificultades de los chiquillos para continuar
sus estudios y su posible deserción”.
La
carga horaria es distinta a comparación del sistema regular. Para la
enseñanza básica es un total de 16 horas, de lunes a jueves, dividido en
cuatro subsectores: Lenguaje, Matemáticas, Historia y Ciencias
Naturales. Mientras que, en la enseñanza media, se imparte un total de
26 horas lectivas, que incluye Inglés, de lunes a viernes. Todo bajo la
modalidad de dos cursos en un año.
Metodología de inclusión
Muchos de sus estudiantes llegan con alguna carencia afectiva o social, que se reflejado en su decaída por los estudios.
Es
aquí, en donde les brindan apoyo y contención, aplicando la metodología
de la pedagogía de la inclusividad, generando un vínculo y afectividad,
donde predomina el diálogo y la conversación. Aquí todo se basa en tres
ejes importantes a intervenir: social, psicológico y pedagógico, que se
complementan entre sí.
En
ese sentido, Bórquez sostiene que muchas veces se privilegia esto por
sobre los contenidos de las materias que forman parte del currículo:
“Creemos que, antes del tema pedagógico, hay otros temas que abordar y
resolver: la salud mental, el autoestima. Habrá que trabajar en eso
primero y luego vamos viendo el tema pedagógico. Es algo que se conversa
con el apoderado”, señaló.
Xenia
Sandoval es trabajadora social, quien lleva 20 años en este programa.
Explicó que cada vez que reciben a estudiantes a esta altura del año, se
les realiza entrevistas para conocer cuál es su situación en sus
establecimientos educativos, como registro de notas, entre otros.
Paralelamente,
la profesional reflexionó: “Ojalá estos programas no existieran, porque
el sistema formal de educación debería dar respuesta a todas las
características y perfiles de nuestras niñeces, pero eso no es así”.
Programa “su segunda casa”
Cristina
Poqué, es consejera del programa, una especie de “inspectora”, pero con
la misión de contener a cada uno de los estudiantes. “Siempre los
recibimos bien, aunque ellos vengan malhumorados, enojados. Siempre
existe el abrazo y el afecto, porque en verdad queremos acercarlos a
través del afecto al proceso educativo”, enfatizó.
Añade
que este programa se convierte en el segundo hogar para los menores y
que aquí se resisten en aplicar medidas por situaciones trangresoras,
como las suspensiones de clases, porque el objetivo es motivarlos a que
asistan. Y cuando se ausentan, ella es la encargada de llamarlos,
preguntando a su red de contactos los motivos.
Finalmente, lamentó la falta de una política pública para hacer un seguimiento de los niños y jóvenes que desertan del colegio.